Silvio Rodríguez: El socialismo cubano no
debe dejar de soñar
El cantante cubano habla en una entrevista en ADN.es sobre la sucesión de Fidel y asegura que no soportaría "que se pretenda humillar nuestra historia y someter nuestra soberanía"
¿Cómo se imagina la evolución de su país después de la renuncia de Castro?
Antes y también después de la renuncia de Fidel, mi deseo es que el socialismo cubano, sin dejar de pensar en el mañana, esté también a la altura de las necesidades de hoy. Que no deje de soñar y desear un ser humano y una sociedad mejores, pero desde la perspectiva que da la actualidad, no desde la que prefiguraron los pioneros del socialismo. Una vez lo dije en la Asamblea, cuando fui Diputado: que nuestro socialismo debía ser siempre perfectible.
¿Qué papel jugará el PCC? ¿Puede entorpecer la apertura, si la hubiera?
Desde mi visión de hombre sin partido, aunque con criterio, el PCC tiene el deber de recoger todas las opiniones del país, no sólo las de los que están a su favor. El PCC, por ser partido único, está obligado a ser plural y polémico en sí mismo, porque las contradicciones, la crítica y la autocrítica son fuentes muy importantes para el avance de cualquier sociedad.
¿Y la emigración y exilio?
Ambas palabras parecen sustantivas. Uno dice emigración y piensa en economía, y dice exilio e inmediatamente piensa en política. Creo que ambas pueden jugar su papel en el devenir cubano, cada una en su medida. La emigración porque ha sido una víctima de la realidad. El exilio porque es una respuesta a la misma. Lo único que no soporta ni creo que llegue a soportar la mayoría de los cubanos es que se pretenda humillar nuestra historia y someter nuestra soberanía, y con ello traicionar los ideales de José Martí.
¿Cuál es el principal riesgo que corre Cuba en este nuevo período?
Una interpretación errónea de los signos sociales, cegarnos ante la necesidad de un crecimiento, aunque no creo que eso sea lo que vaya a pasar. Eventualmente también pudiera aparecer algún "genio" de la Casa Blanca que de pronto decida "ayudarnos" con marines. Ese tipo de barbaridad está siempre latente, por desgracia.
¿Cree que la injerencia extranjera podría llevar a Cuba hacia la Guerra Civil?
Una injerencia extranjera fundiría la nación cubana a la sagrada función de defenderse.
¿Qué papel puede jugar España en este proceso?
Creo que el que juega últimamente no está mal. Un diálogo fraterno siempre ayuda.
¿Qué modelo de país, qué sistema desearía para el progreso de Cuba?
Somos parte del llamado Tercer Mundo, donde el modelo neoliberal está en crisis, por ser camino de explotación y sometimiento. Así que por historia, por posibilidades, por nivel de desarrollo y hasta por geografía creo que el sistema que nos corresponde es el mismo que tenemos, o sea el socialismo. Tampoco dudo que el socialismo algún día pueda dar lugar a un sistema superior, pero eso estaría por ver.
¿Se puede ser aún revolucionario?
Desde Cuba, desde América Latina, sin dudas. Ojalá también se pueda, o al menos se comprenda, desde Europa.
Para no hacer de mi icono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.
me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
me vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.
Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.
Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un hijonuestro.
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo partiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).
Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.
Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.
A principios de 1968 Haydée Santamaria nos reunió a Noel Nicola, a Pablo Milanés y a mí para decirnos que Casa de las Américas quería hacer un disco de homenaje al asalto al cuartel Moncada, hecho inaugural de la Revolución. Pero no es fácil cantar a un suceso del que sólo se sabe por la prensa. Este ha sido el punto que toco cada vez que me han pedido que haga una canción sobre lo que he escuchado contar a otros (años más tarde este argumento fue mi pasaporte a la guerra de Angola). Dándose cuenta de que llevábamos razón, Haydeé nos invitó a su hogar y durante varios días nos habló de aquellos hechos históricos de los que había sido protagonista. Lo esencial de su plática fue que ella no nos habló como el icono revolucionario que era, sino con la confianza de una amiga. Su sencillez y su franqueza nos enseñó que las epopeyas las escriben hombres y mujeres de carne y hueso. Comprender que la historia podia ser protagonizada por personas de aspecto común fue lo que me hizo ver que "Todo el Mundo Tiene -o podría tener- su Moncada".
Fuente: CD Érase que se era Silvio Rodríguez
Para nosotros siempre es 26
Gerardurko, Nuriurka, Gabrielurko y Teriurka en el cuartel Moncada (Santiago de Cuba, julio 2007)
Canción: Todo el mundo tiene su Moncada (versión 1968)
Aveces tocaban más o menos temprano a la puerta negra, la del 4 al revés en el segundo piso, y cuando abría era aquel amigo alto, pálido y pelirrojo como un británico, vestido y peinado cuidadosamente, que portaba un maletín con cerrojos de donde salían cuartillas, casetes de música o de betamax, libros hechos o medio hechos, aspirinas, servilletas de papel y fotos propias que de pronto te dedicaba. Lo más curioso de todo era el pomito mediado de café que invariablemente extraía de aquella suerte de sombrero de copa y la naturalidad con que pedía un vaso para bebérselo. Siempre tenía la delicadeza de brindar, pero yo sabía que aquella era su decorosa manera, no exenta de patetismo, de hacer que me fuera a la cocina y desde allí vociferara: "No te tomes esa mierda, que voy a colar". Inmediatamente asomaba la cabeza y me decía: "Flaco, pero este está bueno todavía". Yo generalmente no contestaba, dando por sentado que aquello era parte de un libreto, pero otras veces, cuando estaba cabrón por la falta de sueño, le decía: "Perfecto, suénate tú la mierda esa, que yo me tomo el que voy a hacer".
Una de las últimas veces que efectuamos aquella danza barroca y matutina, me vino a proponer el papel principal en una película a cuyo guión le estaba dando taller. Le dije que a mí me hubiera gustado poder actuar, pero que estaba visto que las musas histriónicas no se me daban. Pareció no escucharme y ripostó que alguien quería llamar a Rubén Blades, pero que él pensaba que el papel era perfecto para mí. Recuerdo que yo trataba de salir del sopor en el que me encontraba después de una noche sin pegar un ojo y que me tragaba buches de café amargo, mientras mi amigo alto y pálido como un inglés pero con labia de cubano me prometía que aquella historia era un fenómeno. Se trataba de un cantautor famoso que había tenido miles de jebitas de todos los tamaños y colores, con las que había jugado a su antojo porque ninguna le había llegado a donde había que llegarle a un hombre. Cuando el cantautor, después de pasar por un rosario impresionante de mujeres, llegaba a la madurez y se sentía solo y agotado, se encontraba con un titi, una adolescente fresca y delirante que se lo bailaba olímpicamente y luego hacía una muesca en el cabo de su pistola. El final era el cantautor desolado, cayéndole atrás a la vampiresa primaveral, la que además le cantaba una canción de él mismo, justo la que él solía usar para levantar niñas.
Cuando mi amigo terminó la historia de lo que parecía ser la próxima súper-producción del ICAIC, yo estaba lo suficientemente despierto como para decirle: "Y ¿por qué en vez de con un cantautor no hacen esa película con un joven poeta?" Se quedó un instante mirándome muy serio y acto seguido empezó a emitir aquel sonido parecido a kej kej kej (con la e muy corta) que usaba para carcajearse.
No recuerdo exactamente cuándo y dónde lo conocí. Sé que estuvo en "Teresita y Nosotros" porque Casaus lo cuenta, pero yo no lo recuerdo de entonces. Entre las primeras veces que nos vimos distingo entre brumas una noche en una librería que había en los bajos del Habana Libre, donde se le daban los toques finales a una muestra de algo. Otra de esas primeras veces lo recuerdo haciéndome preguntas en un cubículo de la redacción de Juventud Rebelde, para una entrevista. Entonces me acababa de desmovilizar y mi futuro amigo alto, pálido y pelirrojo como un irlandés, me preguntaba qué poesía había leído, a lo que yo le contesté que "La Semilla Estéril" y "El Oscuro Esplendor", que se acababa de publicar. Lo cierto es que a este amigo primero lo identifiqué de oídas y de leídas, porque había ganado el premio David de poesía y los socios comunes que teníamos, como Guillermo y Víctor, decían que era buen poeta. Así que creo que antes de ubicar al autor escuché hablar de él y ojeé su primer libro, del que recuerdo todavía los poemas que más me "tocaron". Estaba aquel llamado "Kodak 120", en el que la madre, gracias al milagro de una foto, pasa la eternidad planchando creo que una camisa a cuadros. Estaba otro muy ingenioso, escrito en algo así como castellano antiguo, que narraba las cuitas de un abate llamado Asparagus. Estos versos dieron lugar a que algunos amigos le llamaran a su libro Cabeza de Espárrago y, al cura del poema, el abate Zanahoria. El tercer poema que recuerdo es "El Entierro del Poeta" y creo que este fue el que más bien me cayó de todos. Revelaba una deuda común con Vallejo, con la diferencia de que entonces ni nunca logré encontrar una manera tan hermosa de agradecerle al cholo los nutrientes.
Con posibles reminiscencias de aquel poema como un culto iniciático así como de otros que vive, inventa y escribe Luis Rogelio Nogueras , esta canción es lo que, hasta hoy, consigo expresar sobre el hermano tan querido.
Somos las Ex-Vírgenes Inéditas de Occidente: Nuriurka, Teriurka, Oliviurka, Marijoseurka y Visiurka, dos catalanas y tres andaluzas (o cinco gallegas, que no es lo mismo, pero es igual), que queremos a Silvio desde nuestra más tierna infancia y juventud.
Su voz, su magia, sus ojos, su boca, sus manos, sus ideas, su poesia, sus canciones, su guitarra y SUS PECTORALES nos han guiado a lo largo de la vida. Con él aprendemos, disfrutamos, bromeamos, reímos, temblamos, soñamos y fantaseamos ...