Fue en un concierto que dió Silvio en una explanada de una Delegación (como municipio o algo así aquí en el D.F.) que se llama Venustiano Carranza, en ese entonces tenía 13 años (hoy tengo 33), ya tenía como 2 años escuchándolo pero ésa fue la primera vez que lo ví en vivo, que emoción !!!!
Ya de ahí han seguido varias: en el Monumento a la Revolución, en el Auditorio Nacional, en el Zócalo capitalino (todos estos lugares son en el D.F.), la vez que lo fui a ver al Monumento a la Revolución estuve como 8 horas antes de que empezara el concierto, pero cuando estuvo en el Zócalo (ya van 2 veces) he estado en una 12 y en otra 11 horas antes de que comience el concierto y les juro que lo volvería a hacer a pesar del sol, la lluvia y lo que se acumule, jejejeje !!!
Tengo un primo llamado Mario Claudio que a él también le encanta Silvio y pues como me llevo muy bien con él me puso unos cassettes con algunas selecciones que el había hecho de Silvio. La primer canción que me gustó fue Rio[mb 2,1 mp3], el primer LP que compré fue "Mujeres" (claro por que ahí venía la canción de Rio, jejejeje!!! ) y de ahí pa'l real !!! (así decimos aquí para decir "que de ahí para adelante").
Nunca he tenido la oportunidad de abrazar a Silvio, lo más cercano que me he visto de él fue en un concierto del 2007 en el Auditorio Nacional, cuando ya estaba por irme por mi carro al estacionamiento al cruzar la calle se detiene una camioneta enfrente de mí, en eso me le quedo viendo al señor que iba de copiloto y digo "es SILVIOOOOOOOO". Yo creo que se extrañó que alguien se le quedara viendo con insistencia y en eso voltea y me mira, sólo alcanzo a pedirle un autógrafo pero como llevaba la ventana cerrada sólo me sonrió y levantó su mano como saludándome. En eso se arrancó la camioneta y me quedé con las ganas de abrazarlo, estrechar su mano, decirle cuanto lo admiro, en fin cada vez me voy acercando mas a él ...
Canción "Judith". Auditorio Nacional México DF (2007), Silvio Rodríguez
En mi siguiente mensaje les contaré el día más triste que he pasado en La Habana, caminando por Quinta Avenida llorando y escuchando "Judith"!!!
Estaba en la cuna, por eso no la recuerdo.
Pero sí recuerdo la primera vez que tomé conciencia de que Silvio formaba parte de mi vida: un verano, año 1986, en casa de unos amigos de mis padres.
Nos invitaron a pasar el día en el campo. Yo no quería ir porque era el único niño (tenía 6 años) y pensaba que me aburriría. Sin embargo, aquella tarde fue una feria para mí. Mucho más divertido que ir a los "caballitos" ...
Después de comer, un poco enfurruñado, me dirigí con mi cucurucho de helado a un balancín del jardín, más aburrido que una ostra, porque mi padre, que siempre jugaba conmigo, me dijo que más tarde, que primero tomaría el café y luego haría la sobremesa con los "mayores" ... Y así fue: sirvieron el café y pusieron música, a todo volumen, en un radio-cassette portátil, de ésos que funcionaban con cintas como las que menciona Mitchellurko.
De repente, empezó a sonar una canción y todo el grupo se puso a cantar. Mi padre me llamó y yo brinqué sobre sus rodillas mientras todos coreaban, como posesos, éste estribillo: "Va cabalgando, el Mayor con su herida, y mientras más mortal el tajo, es más de vida. Va cabalgando ..."
Cabalgando al trote en sus rodillas, mi bola de helado voló por los aires y fue a estrellarse contra el suelo, pero yo, lejos de coger uno de mis habituales berrinches en casos semejantes (¡era y soy muy goloso!), entré también en una fantástica vorágine que me impulsaba a gritar y a chillar:: "¡más, más, mássssssssssss!". Mi padre aún recuerda aquel día como si fuera ayer, ya que troté tanto que, incluso, le hice una pequeña fisura.
La voz de Silvio había estado siempre presente en casa, a todas horas, pero fue aquel día, cabalgando, cuando me introduje en el universo de su imaginación. Aunque en mi "primera vez" no hubo fuegos artificiales yo la viví como una auténtica Fiesta Mayor. Luego vinieron otras experiencias mágicas, como Unicornio, e incluso eróticas, como A caballo, pero os puedo asegurar que como "mis caballitos" (El Mayor) ninguna.
Juan Carlos
Canción "El Mayor" (con imágenes de Silvio en Angola)
El trovador Silvio Rodríguez celebró este año el aniversario 40 de su primer recital. La fecha exacta del encuentro fue el 1º de julio de 1967, en una Habana muy distinta a la que hoy vemos. Por esos días Juan Formell se unía a Elio Revé en el proyecto changüisero. El combo de Senén Suárez llega a la cima con su visita a la Expo 67 de Montreal. Otros artistas de moda: Martha Strada, Elena Burke, Aragón, Estrellas Cubanas, La Ritmo Oriental, Neno González, Pello el Afrokán con el Mozambique, Pacho Alonso, Juanito Márquez con el pa´cá, el ritmo dengue tocado por Roberto Faz y su conjunto y la Orquesta Cubana de Música Moderna inaugurada el 29 de abril. En mayo se organizó el resonante Salón de Mayo, en el Pabellón Cuba. En el hit parade del programa Nocturno, estaban: Rita Pavone, Los Meme, The Mamas and the Papas, Los Brincos, Los Bravos, Los Bucaneros, Rolling Stone, Charles Aznavour. Se hablaba de un a decadencia de la canción popular, de una situación extranjerizante en la radio. Silvio ya había pasado por la televisión en 1966 con el programa Mientras tanto, dirigido por Eduardo Moya.
"El recital se celebró en el Museo de Bellas Artes –escribió hace diez años Manuel González Bello-, aquella noche fuimos convocados por la trovadora Teresita Fernández y nosotros, organizado por el mensuario El Caimán Barbudo, creado en 1966, celebraba su primer aniversario. Así, flaco y tímido entró Silvio en la sala, acababa de salir del Servicio Militar, contaba con 20 años, una guitarra, 123 canciones compuestas y muchas ilusiones. Silvio puso de manifiesto sus canciones los mismos principios señalados en el documento Nos pronunciamos".
Silvio cantaba una canción y los poetas decían sus versos, esos poetas eran: Wichy Nogueras, Guillermo Rodríguez Rivera, Iván Gerardo Campanioni, Félix Contreras, Félix Guerra y Víctor Casaus quien dirigía la presentación. Proyectaba su corto cinematográfico (¿clip?) filmado en el parque Almendares a partir de La Ronda cantada por Teresita Fernández. En las paredes se proyectaban fotos y otras imágenes del gallego dibujante Posada, de cinco jóvenes creadores del Departamento de Cinematografía del ICRT y del fotógrafo Peroga.
Las canciones que Silvio interpretó fueron: No soy, Como un sueño triunfante, Nuestra ciudad, Muerto, Quédate, Es sed, Y anoche, Y nada más, ¿Por qué?, La leyenda del Águila. La mayoría eran de temática amorosa, excepto las dos últimas que, de corte social, asumirían franco matiz de denuncia de la discriminación racial y de la guerra de Viet Nam, según datos tomados de la investigadora Clara Díaz.
Una de las canciones de Silvio decía: Voy a cantar para que escuchen mi canción
Como una aguja que traspasa la razón.
Escuchen la negra historia, la leyenda de la muerte
Que narran los moribundos desde allá.
Uno de los temas amorosos decía: Anoche dormí tranquilo yo
Anoche estaba cerca, no,
Anoche quise tenerte, quise besarte,
Soñé contigo donde estés,
Y me dormí después.
Con cierto aire rockeroSilvio también cantó:
Hay una bruja amiga mía y vieja
Que vive en un viejo castillo y sola.
Le pregunté qué parecía mi razón
Y dijo es sed, es sed, es sed de amor.
"Esta fue una época de descubrimientos", -dijo Silvio después del recital-. En donde un grupo de Colones que no excedían de 23 años, andaba descubriendo Mediterráneos y echándole el ojo y la garra a cuanto había en el mundo".
En el periódico Juventud Rebelde del 1º de julio de 1967, publica una entrevista a Silvio donde el trovador declara: "Los compositores cubanos deben superar las letras de sus canciones. En Cuba hay compositores que han hecho y pueden hacer mejores cosas todavía…Las actuales letras de muchas canciones son insustanciales, frases hechas que se han venido diciendo desde siempre…Mis pretensiones en el campo de la canción son las de acostumbrar a los jóvenes cubanos y al público en general, a un tipo de creación musical nueva, con más calidad, sin menospreciar la tarea de muchos compositores cubanos actuales, que tienen un bien ganado lugar en la preferencia del público".
Guillermo Rodríguez Rivera, catorce años después (1981), se refirió a este recital exponiendo que con esta presentación comenzaron los recitales de poesía y canción. "Y no me olvido de otro, realizado en la Biblioteca Nacional en ese mismo año 1967, dedicado a poemas y canciones de amor, para el que incluso, algunos de nosotros escribimos textos que Silvio musicalizó. O mejor, Silvio nos dio música que nosotros textamos. Recuerdo, de aquel experimento, Para mirar nacer, con versos de Casaus, y El pobre amor, que escribí yo mismo. Pero pronto se vio que Silvio no necesitaba de nosotros textos ni de los de nadie; era, simplemente, otro poeta. Sólo que un poeta-músico igual que los antiguos y errantes trovadores de que hablaba Gumersindo Garay".
Clara Díaz manifiesta que "este recital tuvo una significación peculiar, al estar concebido por un grupo de jóvenes intelectuales que se mantenían a la vanguardia en sus concepciones sobre la creación. Conformaría además un espectáculo integral, en donde a la poesía y a la canción se sumaron otros elementos del espectáculo artístico.
Media canción: Es sed, Silvio Rodríguez
Fuente: Cubarte. Rafael Lam. El primer recital de Silvio, hace 40 años (29 de noviembre del 2007)
La primera cosa que oí de Silvio Rodriguez fue en mi temprana infancia: un pequeño fragmento de Canción del elegido dentro de una cinta de Los Beatles. Pasó desapercibido para mi hasta los ya entrados 21 años. Fue con esa edad, en una noche de invierno, en un parque de mi barrio, cuando una compañera de mi segunda etapa universitaria y yo empezabamos a enamorarnos, pero también aquella noche sucedió algo más: escuché por primera vez a Silvio, además de ponerle nombre propio por fin a aquel fragmento “desconocido” de mi infancia.
No se me olvidarán las dos cintas de Silvio Rodriguez que me regaló Charo en aquel banco a la luz de las farolas del parque; de hecho aún las guardo en casa con cariño, como parte testimonial de una etapa importante de mi vida. Por supuesto, aquella noche escuché las cintas pero sin embargo, la primera canción completa que oí de Silvio no fue en su voz, sino en la de mi amiga horas antes en aquel banco de madera; aquella noche Rabo de Nube sonó en voz de mujer para mi y desde aquel día se convirtió para mis oídos en la canción más especial del artista cubano.
Ya han pasado 15 años; de aquel enamoramiento ya sólo quedan recuerdos de algo que finalmente no prosperó y que pasó por varias etapas de mil colores, unas veces claros y lindos pero otras, teñidos con el oscuro tinte del desamor. El último de estos recuerdos son de un fin de semana en Granada donde tuvimos una oportunidad a “destiempo” y ya con los sentimientos casi extintos y apagados... La cosa no funcionó, evidentemente, y hoy en día tampoco sabemos nada el uno del otro.... También justo esos dias en Granada, me sucedió algo crucial mientras tomaba café con ella: me robaron del coche dos cajones con todas las fotos de mi vida postinfancia y sus negativos... Aquello fue entonces un triste trauma, ya superado, asociado ahora al devenir de aquellos días.
En fin, era justo así pues, que dedicara estas líneasa Charo porque, a fin de cuentas, ella es la “culpable” de mi pasión por la obra del artista cubano. Ella fue la que me hablaba minuciosamente de cada tema; con ella intenté tocar por primera vez a guitarra canciones como Y nada más, que este lunes (dia 5 de noviembre) nos cantó Silvio en Granada. Precisamente recuerdo que mi “primer disco” de Silvio fue Mujeres, en el que a parte de ese tema venían otros como ¿A dónde van?; recuerdo como, poco a poco, me fui haciendo con toda la discografía en una era en la que las siglas “MP3” no estaban aún ni en el útero cibernético de los primeros ordenadores realmente “potentes” (los viejos “386”).
Poco a poco, me fui enamorando de la obra: aquellas canciones tan llenas de simbolismos, tan tremendamente ricas en metáforas y a la vez tan directas al corazón, sencillamente me cautivaron hasta el día de hoy en el que sigo cautivado. Sin duda el “aprendiz de brujo” me embrujó a mi también.
Y toda esta historia, la historia de mi “relación” con Silvio, nos llevó el lunes al Palacio de Congresos de Granada ... (continuará)
Silvio me pasó por la vida cuando apenas era una niña a mediados de los setentas. Mi hermano mayor solía escuchar Radio Habana Cuba en una radio de onda corta viejita que él tenía como si fuera un tesoro. En caso no sólo se oían canciones de Silvio sino de Vicente Feliú, de Noel Nicola, de Sara González y de otros de la "nueva trova". A Silvio lo escuché por primera vez a través de Sara González en su versión de Querer tener riendas. Lo empezé a cantar de niña y después a los once años cuando me "enredé" con un muchacho "algo mayor que yo" empezé a escuchar Unicornio mucho, mucho. Una de las canciones que más cantábamos con mi muchacho era El sol no da de beber.
Luego empezé a quedar más y más "hechizada" como ustedes cuentan. Estamos hablando de principios de los ochenta. Y de pronto como para que el hechizo fuera aún mayor resulta que a Silvio se le ocurrió ir de gira con Santiago Feliú por mi país.
Y yo que siempre me pongo en planes imposibles pensé que quería saludar a Silvio y llevarle unas margaritas recogidas por mí misma por los jardines de mi barrio. Se llegó el primer día de concierto y allí estaba yo parada en la puerta por la que entran los artistas a los teatros. Allí estuve yo esperando casi una mañana entera a ver si se aparecía Silvio. Al fin apareció un técnico de sonido y yo pude entrar al teatro, pero ya allí en el teatro no se veía ningún Silvio por ningún lado. Había un montón de músicos, pero Silvio no andaba allí... Sin embargo con una paciencia como de guayaba me quedé la mañana y la tarde entera a esperar y a hablar, claro, con algunos músicos de la orquesta que lo acompañaba en ese entonces, Afrocuba. Al final cuando ya estaba perdiendo las esperanzas ví que entró un muchacho así con mucho desparpajo y me saludó y yo no sabía quién era (luego supe que era Santiago Feliú) y después apareció Silvio que estaba enojado por algún "desbarajuste" de carácter técnico.
Yo casi no lo reconocí porque tenía el dichoso bigote del que han hablado ustedes en este blog (tambíen llevaba puesta una gabardina y su guitarra en la mano, claro!). Yo no sé que sentí en el estómago y en todo el cuerpo. Pensé que lo mejor sería esperar un poquitín más a ver si le pasaba el enojo y yo me atrevía a saludarlo. Al final me atreví y con una voz que casi no quería salir le dije que sólo quería saludarlo y que traía unas margaritas para él. Él me miró con una ternura infinita y me dió las gracias. Ya en la calle y caminando para coger el bus de vuelta a casa sentía que volaba...
Si bien había escuchado a Silvio allá en los lejanos 80´s, en un programa que se llamaba Buenos días, América, o algo así (era un programa español, pero con presentadores de toda Latinoamérica), sólo me quedaban los recuerdos de un acorde de óleode una mujer...
Luego, en los inicios de 1990, vi en un avance comercial, a un señor cantando sobre su extraviado unicornio azul, en el programa de Verónica Castro, mi madre quería escucharlo, pero un apagón (propio de esos tiempos violentos) me privó de ver el recital... y pasó mucho tiempo… recuerdo llegar a mi adolescencia entre Nirvana, Oasis y odiando a Jerry Rivera.
“Quería el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón”
Era verano de 1997 y yo iniciaba mis prácticas en arqueología, tenía 17 años, mi salud era perfecta, no tenia vicios (bueno, es un decir), mis neuronas estaban intactas, en fin ... estaba en el gabinete de la Huaca Huallamarca, frente a una caja que contenía miles de tiestos, cuando de pronto, desde la casetera escuché a alguien nuevo, pero familiar ...
"Quería un vellocino de oro para un reino”
Y ese trovador, en medio de una melodía muy juglar, muy de edad media, me llamó la atención... luego escuché Por quién merece amor, El sol no da de beber y le pregunté a mi amigo Carlos Andrés, sobre el personaje en cuestión:
_ Es mi tío Silvio Morales, me dijo.
_ ¿En serio es tu tío?
Luego de matarse de risa, Carlos me dijo que en verdad el cantante se llamaba Silvio Rodríguez, un músico cubano, muy conocido en el mundo de la trova.
Recordando que en esa época sólo escuchaba nirvana, leuzemia y boleros cantineros, para mí fue como abrir las puertas hacia otra dimensión... le pedí prestado el casete a Carlos e ipso facto lo grabé llegando a casa.
Lo primero que hice fue ir al centro de Lima, la calle Quilca, bastión de música que nunca se pasará en la radio, y pregunté por Silvio... me vieron con pinta de conocedor o qué se yo, que me ofrecieron la “última”: era Domínguez (1996), en versión pirata, lo llevé... además de otro que decía Cuba va!, ("esa es una joyita, grabada en los 60s" me dijo el viejo DJ)....
Así descubrí al Silvio reciente y al Silvio histórico... entre Cuba va, Papalote, Cambiar la vida... hasta Si seco un llanto, Elviento eres tú, su música fue algo así como que a Saulo se le apareciera el arcángel ...
“Quería que Virgilio me llevara al infierno”
Desde entonces, Silvio y su música forma parte de mi vida, aunque hemos tenido épocas de conflicto y desencuentro, llegado el siglo XXI, donde perdí mi centro y algo de humanidad, pero las madrugadas escuchando sus canciones, las lecciones que saqué de ellas, el combustible que alimentaba mi alma, las discusiones que teníamos con los amigos acerca del significado de Ojalá, en interminables madrugadas, en fin … esas experiencias y recuerdos me hicieron un día de septiembre del 2005, volver a escucharlo, redescubrirlo, ya con los ojos que nos da la madurez, después de cruzar el desierto …
"Quería ir hasta el cielo en un frijol sembrado"
Ahora, que es un momento increíblemente equilibrado (léase feliz) en mi vida, sólo tengo agradecimiento hacia su legado, revolucionario, vallejiano, trovadicto, trovardiente … Este año, por fin, llegó Silvio al Perú, lo pude ver en un concierto mágico, imperfecto (no por Silvio, sino porque el lugar no era el más adecuado), pero mágico … al día siguiente lo pude ver, recibiendo el honoris causa de mi amada universidad (UNMSM), contándonos de su amor a Vallejo, de su alma joven y su deseo en forma de rabo de nube … pero esa es otra historia …
Mayo de 1981. Aún me quedaban dos años de universidad y esa tarde estaba recostado en aquella vieja cama del piso de estudiantes, con un libro gordo y espeso, porque tenía un examen (faltaría más), mientras afuera hacía sol y la gente paseaba. En aquella época cualquiera me habría podido tirar al suelo con solo soplarme. Demasiado esfuerzo, demasiadas contrariedades y mucha ansia de verano.
Manolo entróinopinadamente para comunicarme que se iba a un concierto con su novia, y que tenía que acompañarlos porque seguro que me iba a gustar. Venían a Murcia unos cantantes cubanos cuyos nombres me eran totalmente desconocidos, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Al pronto, pensé que serían unos pesados y que mejor me quedaba a estudiar.
Manolo se fue, pero ya no me pude concentrar en la lectura. Delante de mis ojos veía cruzar y hacerme gestos otra vida, otras opciones y otras formas de estar, al margen del aburrido sentido del deber. Dudé diez minutos más hasta lanzarme a la calle en busca de mis amigos. Crucé el puente de hierro sobre el aromático río Segura y los alcancé en la Avenida que aún entonces se llamaba de José Antonio.
Manolo, Pepi y yo. Unos pocos meses antes, en febrero, los tres nos habíamos echado a la calle para ver cómo era un golpe de Estado. Qué inquietante ver la zona de las tascas, junto a la Universidad, vaciándose rápidamente de gente asustada, los bares cerrando a toda prisa y los coches agolpándose en la gasolinera. Nosotros íbamos contracorriente, queríamos saber qué pasaba, qué iba a pasar, y tuvimos el morro de plantarnos en la puerta del Gobierno Militar a hacer las preguntas pertinentes.
Manolo, Pepi y yo. Nos detuvimos en un kiosko donde un grupo de gente estaba escuchando la radio con mucho mosqueo, justo para enterarnos de que al Papa polaco le acababan de descerrajar dos tiros en la plaza del Vaticano. Sí, fue ese día.
El polideportivo estaba a tope de estudiantes, y yo me acomodé a ver qué pasaba, con curiosidad pero sin entusiasmo. Los cubanos aquellos subieron al escenario muy tranquilos, con aquel aspecto suyo cotidiano, incluso humilde, como si fueran compañeros nuestros, un poco mayores y con buena voz, que querían mostrarnos sus pinitos.
Entonces comenzó, y yo simplemente recibí mi par de alas. Como pollo en el nido, no sabía que podía volar, y a partir de esa tarde dejé de estar atornillado al suelo.
Era como si la vida me diera la razón cuando tanto me había empeñado en que la música no se podía reducir al chucuchún en inglés que estaba por todas partes, y cuando tan convencido estaba de que en algún lugar de la Tierra debía existir lamúsica con sentido.Aquello no era un estilo, no era funky, country, bolero, rock, pop, rap ni hip-hop (que entonces no se había inventado, creo). Era música. Cuando el primer hombre compuso la primera canción, debía sonar así. Fue un retorno a la sencillez y a la pureza que me dejó sin palabras.
Yo ya había escuchado, claro está, a Serrat, Aute, Paco Ibáñez, Claudina y Alberto Gambino, Víctor Jara, Mercedes Sosa, y especialmente a mi apreciada Nacha Guevara. Pero esto iba más allá. No era la música que se le pone a una letra que nunca se escribió para ser cantada, como la de Machado. Era distinto, veías que todo había nacido al compás, con la misma inspiración, y que era al mismo tiempo sencillo y grandioso.
Hace dos años dirigí un video clip para un grupo de fusión con mucho talento. En el acto de la presentación pública hice unas confesiones. En mis series documentales he hecho de guionista, productor, director, actor, montador y operador 3D, es decir, lo he hecho casi todo, excepto la música, porque para mí es algo inalcanzable. Cualquier cosa se puede aprender, pero la música además hay que sentirla. Los que son capaces de escribir música tienen algo que no tenemos los demás, están tocados por Dios. Los que son capaces de escribir música como Silvio Rodríguez están a medio camino entre Dios y los hombres, son como los antiguos héroes, solo que en vez de sacudir mamporros rasgan una guitarra.
El significado de sus letras es equívoco. La gente pensaba que se está acercando un día feliz aludía a la revolución, pero él dijo que se refería a una mujer. La gente pensaba que el unicornio azul era alguna especie de estado sutil y delicado de la conciencia, pero él dijo que era la guerrilla escondida en la selva. No tengo la menor idea de lo que significa Te doy una canción, pero es igual, cada vez que la escucho dejo de estar aquí. Su belleza escapa a la razón.
En cambio, sí que entiendo el tema en el que rechaza a los listos que le quieren convencer de que se desmarque de la revolución y se deje querer por el gran capital. Qué acertado contestarles a estos mensajeros negros y sucios con una canción. Me vienen a convidar a que no piense, dice el poeta, y añade, para despejar las dudas: me vienen a convidar a tanta mierda, para terminar con una frase que lo retrata, da la imagen de su altura ética y concentra en cinco palabras toda su honestidad: Yo me muero como viví.
Me dijeron que Silvio Rodríguez se había negado siempre a grabar por alergia a las multinacionales. Suerte que cedió, porque después de aquella tarde compré un disco de vinilo en cuya portada ponía MUJERES, y luego otros. Escuchaba esa música mientras me preparaba los macarrones en la destartalada cocina del ático de estudiantes, el año siguiente. La ponía en mis viajes de fin de semana de Murcia a Aguilas y de Aguilas a Murcia. Me acompañó en el periplo que hice por la sierra de Cazorla, cruzando los arroyos con mi viejo R-7. Mucho después escuchaba a S.R. durante las largas jornadas de trabajo en la mesa de edición, o cuando hacía animación 3D. Y lo más importante: cuando acunaba a mi primera hija, le cantaba Rabo de Nube. Confío en que con el tiempo, cuando un día vuelva a escuchar esa canción, le recuerde algo indefinible y dulce que le llegó cuando estaba en la cuna .
La verdad, es difícil recordar cuándo escuché a Silvio por primera vez (y no me refiero en concierto).
Rondaba los 18 años (ahora tengo 43) cuando, casualmente, un buen día escuché en un programa de radio una canción de Pablo Milanés llamada "Son de Cuba a Puerto Rico"; creedme que esa canción me resultó, en aquel momento, una de las más hermosas que había escuchado en mucho tiempo!!! Rápidamente me puse a investigar más, encontré Nueva Trova Cubana y, de ahí, me topé con Silvio Rodríguez (¿quien será este señor?, me pregunté).
Pues nada, voy a la tienda de discos a ver si encuentro algo; doy con un disco llamado "Te doy una Canción" (¿lo compro o no lo compro?). Me voy a casa impaciente a escuchar mi adquisición (ahora se me están poniendo los pelos de punta sólo de escribir estas líneas).
¡Dios, qué maravilla!!!, ¡qué tonalidades!!!, ¡qué subidas y bajadas de voz!!!, ¡qué entonación!!!, ¡qué guitarra!!!, todo eso me dije mientras escuchaba "El Mayor", "Playa Girón", "Yo digo que las estrellas", etc... y, sobretodo, me dije, ¡qué sensibilidad!!! Pues nada, a partir de aquel entonces ya no pude parar de comprar todos los discos de Silvio y de escucharlo continuamente.
Decidí también tratar de interpretar algunas de las canciones de Silvio (pues por aquellos tiempos toqué la guitarra con bastante acierto) y me atreví con "Ojalá", "Madre", "Te doy una canción" y un sinfín más de canciones hermosas.
Años después conocí a mi mujer cantándole "por Silvio" ; pero lo que me enamoró de ella ¿sabéis lo que fue?; pues que a ella también le encantaba Silvio Rodriguez (me dije, ¡Dios, he encontrado mi media naranja!!!).
Aunque parezca mentira, no he visto a Silvio en concierto por primera vez hasta hace poco tiempo en Barcelona en el Auditori (donde presentó el disco "Cita con Ángeles"). A partir de ese primer concierto tomé la decisión de no perderme ni uno más (el año pasado lo vi en Logroño y éste, si Dios quiere, lo veré en Valencia).
Bueno, pues ésta ha sido mi pequeña historia de mi primera vez; espero no haber aburrido mucho.
Somos las Ex-Vírgenes Inéditas de Occidente: Nuriurka, Teriurka, Oliviurka, Marijoseurka y Visiurka, dos catalanas y tres andaluzas (o cinco gallegas, que no es lo mismo, pero es igual), que queremos a Silvio desde nuestra más tierna infancia y juventud.
Su voz, su magia, sus ojos, su boca, sus manos, sus ideas, su poesia, sus canciones, su guitarra y SUS PECTORALES nos han guiado a lo largo de la vida. Con él aprendemos, disfrutamos, bromeamos, reímos, temblamos, soñamos y fantaseamos ...