Soy sustituta
Como ya habréis leído todos en el post anterior (y sus comentarios), estoy cubriendo una baja. No sé por cuánto tiempo será, pero la accidentada ya quiere volver a trabajar, así que será poco. Tampoco sé cuánto me van a pagar, porque en el contrato venía el total mensual y yo no voy a estar un mes entero (supongo que sacarán la proporción).
Ahora que por fin es fin de semana y he estado el tiempo suficiente como para tener algo que contar, expondré los puntos más importantes de mi nuevo trabajo
1.- El horario
Menos mal que es por poco tiempo, porque combinar ese horario de trabajo (de 16:00 a 00:00) con mi horario de clases me está pasando factura. El jueves me quedé dormida y ni siquiera oí el despertador y hoy me he despertado a las 11:15. Sí, vale, ya sé que salir a las doce no es para quejarse tanto. Lo sería si de verdad saliera a las doce. Lo malo de tener el último turno es que salgo cuando ya no quedan más cosas que hacer, que lo mismo es a las doce (que nunca es a las doce) que a las dos y media.
El día del Madrid-Barça llegué a mi casa a las 3:15 (de ahí que no oyera el despertador a la mañana siguiente). Además de que salí tarde, vivo a hacer puñetas y tengo que cruzar todo Madrid para volver a casa. Es lo que tiene vivir en la periferia, que hay pocas cosas que te pillen cerca. Lo bueno es que a esa hora no hay casi gente en la carretera pero, como da la casualidad de que el camino que cojo está sembrado de radares, tampoco puedo darme prisa en volver. Nada, con calma y música se pasa más rápido y es menos aburrido.
2.- El comedor
Al menos tienen el detalle de pagarnos la comida. Aunque yo creo que más bien nos deberían pagar por comernos esa comida. ¿Alguno se quedaba de pequeño en el comedor del cole? Pues es aún peor, y mira que en mis tiempos la comida del comedor del cole no era precisamente de cinco tenedores.
Sobre las comidas de los lugares de trabajo circulan todo tipo de leyendas urbanas y comentarios. Los profesores de mi universidad dicen que a los tres meses de empezar a trabajar en la universidad (y quedarse allí a comer) les sacan colesterol en los análisis de sangre. Los del campus donde están los ingenieros dicen que es mejor llevar un antiácido potente cuando hay que quedarse a comer. En mi trabajo no circula ninguna leyenda urbana pero es que hacemos tantos comentarios durante la cena que no es posible recopilarlos.
El menú de ayer era: de primero canelones, volovanes o champiñones. De segundo, tortilla, pescado, pechuga de pollo o churrasco. Yo elijo por eliminación: volovanes no, que a saber qué les han metido dentro (de hecho, un compañero cogió el volován y no se lo pudo comer). Champiñones tampoco, porque la verdad es que muy buena pinta no tienen. Ya sólo me quedan los canelones. El churrasco no parece churrasco, son trozos de carne con una salsa sospechosa (si lleva salsa, es porque tiene algo que ocultar). La tortilla no, que el huevo me da dolor de estómago. Por eliminación, me quedo con el pollo.
Becaria/sustituta - Hola
Señora del comedor - Hola, niña. ¿Qué quieres?
Becaria/sustituta - Pues... canelones y pechuga de pollo
Señora del comedor - Es pavo
Becaria/sustituta - Bueno, pues pavo
Señora del comedor (con una amplia sonrisa) - Te pongo tres ¿vale? y te echo unas patatas fritas
Becaria/sustituta (pensando "qué mujer más maja") - Vale
Qué hija de puta, me ha puesto tres pechugas de pavo para deshacerse de ellas. Sólo me he podido comer una porque las otras dos no era capaz de cortarlas (y mira que he cogido un cuchillo de los de cortar carne). De las patatas, mejor ni hablamos. Lo mejor fue el postre, porque cogí un yogur natural. Este verano se me ocurrió un día coger un postre casero y me puse malísima, así que nunca más.
3.- El parking
Sí, tenemos parking. El primer día no sabía si podía entrar al parking o no, así que me fui a buscar un sitio por los alrededores. El problema es que, a las cuatro de la tarde, la gente de las empresas de alrededor (que son muchas y muy grandes) no ha salido de trabajar, así que me tuve que ir a hacer puñetas. Concretamente, aparqué a diez minutos de mi mesa de trabajo, entre un descampado y una obra. A las cuatro de la tarde, es un lugar muy bueno pero, pasada la medianoche, la cosa cambia. Se me ocurrió llamar por teléfono a mi novio para que me diera conversación durante el camino pero ya se había dormido. Para un día que le necesito despierto va y se acuesta a una hora normal.
El segundo día aparqué aún más lejos. Y salí aún más tarde. Claro, vete tú hasta las vías del tren (que estaban más allá del descampado y de la obra) a las 2:15. Pues no es plan. Conseguí que alguien me llevara y recibí un sabio consejo: "¿por qué no metes el coche en el parking?". Pero ¿puedo meter el coche en el parking? "Claro que sí".
Jueves, cuatro de la tarde. Me dispongo a entrar en el parking. Me paro al lado de la maquinita que lee las tarjetas y paso la mía. La barrera no se levanta. La vuelvo a pasar. La barrera no se levanta. La vuelvo a pasar. La barrera no se levanta. Se acerca una segurata y me dice "llama a seguridad por el interfono". Pero si tú eres de seguridad, arréglamelo tú.
Interfono - ¿Sí?
Becaria/sustituta - Hola. Mira, que la tarjeta no me abre la barrera del parking
Interfono - ¿Cómo te llamas?
Becaria/sustituta - xxxxx xxxxxx xxxxxxxxxx
Interfono - Espera
Espero...
Y espero...
Y espero...
Interfono - Es que eres temporal
Becaria/sustituta - Ya ¿y?
Interfono - Pues que los temporales no pueden entrar al parking hasta las siete o las ocho
Pues qué guay, porque entro a las cuatro. Tú, el de detrás, quítate de ahí porque tengo que salir. Hala, pues aparco donde el primer día (entre el descampado y la obra). Pero lo mejor de todo no es que en el trabajo aparque en lugares tan estupendos como entre un descampado y una obra o al lado de las vías del tren, es que cuando llego a casa no hay sitio donde aparcar y me tengo que ir al polígono. Si a estas alturas no me han atracado no será porque vaya por lugares seguros.
Por lo menos, dos de los tres días que he aparcado a hacer puñetas me han llevado hasta el coche. Es muy gracioso, porque yo guío a mis compañeros hasta el lugar donde he aparcado y, al llegar, me preguntan "¿dónde está tu coche?". Coño, ¿no lo ves? Es ése que está ahí solo. Eso está bien, porque no me tengo que acordar de dónde he dejado el coche (es el único que queda).
Finalmente, una compañera que no tiene coche me ha cambiado la tarjeta para que yo pueda entrar al parking. A efectos de aparcamiento, me llamo María. Y así será hasta que vuelva la que está de baja.




Drenas dijo
Que bien te lo montas no? Cómo dicen, el trabajo dignifica al hombre (o mujer)
Y por qué los temporales no pueden entrar hasta las 7 o las 8? ¿qué absurda norma es esa?
10 Mayo 2008 | 05:22 PM