20 Abril 2008
Para sentir tu amor me basta a veces
el transcurso fluido de las horas.
Recordar que sonríes,
y que siento
como si sobre mí los dioses extendieran
el manto con que a veces
ocultan sus paseos por la tierra.
Porque, si tú me dices que me amas,
en ese instante mismo,
una nube me envuelve entre los hombres
que no alcanzan a oír cómo mis ojos
suavemente navegan por tu cuerpo,
hienden el aire, se deslizan
con el callado aleteo con que Hermes
surca los cielos divinales.
Y nos ciñe un círculo de fuego,
mientras besamos
en las bocas de nieve enardecida
las almas, prisioneras de guirnaldas,
cautivas de perfumes, de aromáticas
sombras que de la infancia a veces vuelven.
No importa si despiertas
al despegar los labios y preguntas
cuánto tiempo nos queda hoy de amarnos.
No importa, porque es eterno todavía
cada momento en que, recuerdas, te abrazaba,
en que sentía
tu amor. Y a mí me basta,
quiero creerlo, sí, es cierto que me basta,
por más que tú hayas regresado,
bajo tu manto etéreo
junto a los bienaventurados Inmortales.
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9 Abril 2008
Vierten
interminablemente
en la copa
de los besos oscuros
pulpa mi corazón
hambre tu boca,
tinieblas de seda
tus dos ojos,
frutal ansia madura
mis dos labios.
Me duele y me quema
porque muerdes
con el dulce escozor
de tu locura ebria.
Y qué llama tu lengua,
qué cautiva
una lágrima
muerta de alegría
un suspiro
enterrado en el silencio.
Las manos
como gacelas cazadoras
ágiles caricias
extienden
en los cuerpos inquietos
agitados.
En la bruma que nubla
la conciencia
impregnada tan solo
del camino sinuoso de serpientes
que dibuja el deseo,
imploramos
el fin, la luz, placer
de miles de estallidos
como estrellas de miel
que brotan de los sexos.
servido por soyelquesoy
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8 Abril 2008
Solo en jugosa soledad del tiempo
que derroto en su oscura intransigencia
baño el instante en labio y en sonrisa,
en recuerdo feraz y sucesivo.
Una copa de nubes que se escancia
en la nieve del alma y su querencia
va espesando el sonido de los vinos,
espumando rojizas plenitudes.
Y se erige en la luz edificada
de tus ojos de almena el estandarte
de la hueste de estrellas empapadas
en la miel luminosa de tu boca.
Y es por ti, luz voraz, por quien asciendo
a la cumbre indomable de los lechos
rebosados de goce y hermosura.
Por quien lanzo mis ojos hacia el viento
en un cauce infinito de miradas,
de vigilias que sueñan con tu cuerpo.
servido por soyelquesoy
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4 Abril 2008
Desde el fondo más íntimo del tiempo, en su hondura suave, remota, desprovista de centro, espacio y orden, la música de tu amor iba durmiendo, toda la eternidad previa a nacer, soñando el despertar en que habría de derramar su armonía secreta, como un ídolo extraviado, una deidad que aún no ha emergido al lugar del credo suficiente, que sin embargo le aguarda, pacientemente, en la casual chispa que nace del encuentro inopinado, seco como una llama, repentino, decisivo. Y es adoración lo que abruptamente crece, se desarrolla, frucitfica al compás del fuego que devora el silencio y lo impregna de calor, de edén que danza en la superficie de los minutos entusiastas, acogedores, sonrientes. Mas después, pasado el ardor, qué hacer con los abandonados objetos de culto, su orfandad, su misteriosa presencia que acumula la pátina del silencio de modo misterioso, lascivo, sordo, provocativo... Oh los ídolos: su concienzuda sombra se proyecta, como un ejército invasor en la memoria; sus uñas negruzcas se nos clavan, hondamente, excavando en la piel valles dolorosos, podríamos decir, valles de lágrimas, donde se pierde la necesaria mansedumbre del instinto. Su destrucción se acerca, su ocaso ensangrentado, rubescente, pero ha de triunfar el tiempo, de nuevo abierto de par en par a los deseos, a la glorificante sensación de respirar el placer puro de la vida, ese licor de seda que se enciende en la garganta, súbito resplandor, llama tejida de placeres movedizos, fecundos y henchidos, de gemidos como llantos, como instantes que rebosan su plenitud humilde y nos llenan de etérea libertad, de roja egolatría... De egolatría o silatría, adoración del tú, de Ti, del absoluto, tan presente aun en ausencia.
Mil Besos de
...
servido por soyelquesoy
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1 Abril 2008
Me descarto
de las húmedas caricias de tu lengua
sobre mi vientre,
pues me retas a espadas, al combate
sobre el racimo lleno del placer,
los copiosos granos
cuya rotunda perfección estalla
en la boca del alma;
y al contacto
de tus labios tahúres y sedosos,
la delicia se erige en una abrupta
constelación de flores como estrellas
fabricadas de miel,
de viento y fresca llama.
Y es hermosa
la derrota en que hundes a mi cuerpo,
con tus cartas de oros,
tu sonrisa,
jugadora de triunfos imperiosos,
de goces
invisiblemente vivos
por detrás de mis ojos
ya cautivos
sin fin ni desaliento.
servido por soyelquesoy
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31 Marzo 2008
Para venir a la adorada pena
de pensar tu silencio y tu hermosura
traigo la ausente lágrima y más pura
en los ojos cautiva y en cadena.
No la dejo escapar porque está llena
de reflejos de ti, y aun de la oscura
sinrazón de no verte. La locura
de buscarte en los ríos la envenena.
Que bebiera tus ojos si miraras
su humedad diminuta en la corriente
y hasta mí regresara va diciendo.
¿Y si tú, enamorada, la tomaras
en tus labios sedientos de repente,
qué imagen me quedara?, le reprendo.
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28 Marzo 2008
Els ulls, els teus, amor,
com flors de llum fresca i precisa,
em miren, des del fons
profund de la memòria:
hi ancoren el desig,
la tèbia boira,
el dolç esforç curós del bes
—desfici saborós! i fèrtil!—.
Com respires la vida! ah, com exhales!
De la cova secreta,
on jauen les pregàries trencadisses,
brolla l’alè sagrat dels sacrificis
pel meu retorn,
i el fum troba per fi, tal una vella espasa,
estoig, repòs... i vol de vent!
I carn, i vela, i mar, dolcesa!
Tendre combat de naus,
guerrera lleugeresa de les llengües,
que sense treva beuen
les ombres, esplendents d'estels,
les onades, verins humits que cremen!
servido por soyelquesoy
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27 Marzo 2008
Mira, abajo, las olas,
suaves, espumosas.
Acarician los mármoles
levemente azulados,
los trozos derrotados,
matizada blancura
inútil ya y rendida.
Quisieras
el divino poder
de alzarlos en tus manos
piadosamente
para trabar el bosque detenido
de columnas altivas y sagradas.
El viento busca en vano
ramajes, voces, ecos.
Encuentra erguida apenas
la escasa desnudez escueta
de los troncos de piedra acanalada.
Aún musitan, inermes,
nombres, como heridas
de espuria eternidad.
Oyes el mar. Comprendes:
restañará palabras
con la paciencia de sus manos,
y hundirá para siempre
en su vientre infinito la memoria.
servido por soyelquesoy
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