He de reconocer, antes que nada, que he sido y soy seguidor de varios de los productos de la factoría Globomedia: me encantaron Periodistas, Policías (en el corazón de la calle) o, principalmente, 7 vidas. Ésta última no sólo la seguía los domingos, en sesión familiar pues mi padre también era seguidor, sino que además he vuelto a ver algún capítulo suelto una vez que terminó su emisión. No nos sucedió así con Aída, que a base de prescindir de verlo, me ha resultado un producto bastante ajeno cuando lo he visto zapeando.

Cito esto en cualquier caso para entender mi benevolencia hacia Fuera de carta estreno de esta semana que fui a ver ayer a un centro comercial de Granada. El plantel protagonista me llamaba la atención, el técnico también y a última hora leí que Oriol Capel, co-responsable del guión de Lo mejor de mí, participaba en el guión. Y al final, resultó: me reí y mucho. Pero también me decepcionó por una serie de lugares comunes que había leído anticipadamente en Blog de Cine o El País.

(Hay algún espoiler desde aquí)

Al igual que las virtudes de la comedia de situación, el guión ha arrastrado también alguno de sus vicios: la moraleja tiende a lo fácil y los chistes han subido un escalón de mal gusto. Y es cierto que del equipo literario responsable de 7 vidas o Aída podría esperarse un producto con un poco más de sustancia, más allá de una comedia de situación extendida a la hora y media y con casi todos los personajes secundarios por definir: Paula, la segunda cocinera pasa de inútil total a responsable en la que delegar en cuestión de minutos; el personaje de Horacio cambia de opinión con una facilidad pasmosa, al igual que el hijo de Maxi, que se inicia en el filme grabando con su móvil hazañas contra alumnos y que termina, merced a unas botas de fútbol, comprendiendo a la perfección a su padre.

La historia no da para mucho más: es tan sencilla que es previsible, los giros carecen de fuerza e incluso los momentos más tiernos resultan forzados, como el ejemplo del momento en el que Cámara abandona el restaurante en su momento culminante por el cumpleaños de su hijo, cuando no lo había hecho por el accidente de su hija. Lo estrafalario del personaje es la única justificación para sus cambios de prioridades.

Sin embargo, estos inconvenientes quedan rendidos a la eficacia de su humor hilarante y la brillantez de sus protagonistas. Es lo bueno de la última camada de actores en este país: casi cualquier chiste en sus manos, brilla. Hay que ser de piedra para no caer en las redes de Tejero, Cámara, Dueñas, Lampreave o Varela haciendo humor. Eso salva la película y consigue dejarte una buena impresión de lo visto. Aquí vendría el debate sobre si una película te hace reír es que es suficiente para ser una buena comedia. Y para mí lo es, aunque desaprovechada.