Logo de La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

6 Mayo 2008

Myanmar Blues

Todo por los aires, barro, palmeras decapitadas, tejados volantes, personas desaparecidas. Hambre y chanclas, longys y sed. Personas sufridoras que reciben el mazazo definitivo, como si la naturaleza quisiera poner un foco enorme en su natural desgracia. Una vez más el color teja – o azafrán, como han querido llamarlo de forma general- aparece como redentor de los desamparados. Los monasterios que quedan en pie vuelven a ser refugio y morada de los supervivientes.

Y dónde está el color verde caqui. El color del camuflaje militar en una ciudad artificial resguardada de ciclones y notas de prensa. El color de la vergüenza y el absentismo irreverente en los peores momentos. El color del silencio y los falsos referéndums. El de los arrestos domiciliarios de lustros y la opresión del más débil. Fusiles y metralletas amenazan a seres flacos y sonrientes que bien podrían verse vencidos por un golpe de viento. Un ligero viento hubiera sido suficiente para llevar volando cuerpecillos flacos alimentados de arroz y té.
Pero ha tenido que ser un ciclón. Un ciclón que se ha vuelto a cebar con los más débiles, con los que tienen casas construidas con palillos y se alegran cuando su despensa llega al tamaño de una caja de zapatos. Esos que nadie usa.

Y pienso en Birmania y solo veo caras sonrientes. Caras llenas de paz. Veo Budas hermosos y esbeltos. Budas guapos rodeados de inciensos, flores de loto y arroz. Tanaka en las mejillas y telas de colores naturales.

Y veo el Irawady en calma, aproximándose a su delta de forma pacífica mientras riega tierras verdes con sus aguas plomizas. Orillas germinadas de pagodas que florecerán en primavera.
Y niños de uniformes verdes. Y monjes muy simpáticos.

Y yo voy en un barco que se desplaza lentamente por las aguas espesas. Dejo Mandalay camino de Bagan, rodeada de mangos y gente que se sienta en la cubierta. Y huele a lluvia. Y huele a especias. Y huele a vida. Y huele a paz. Y veo el Irawady aliarse con los monjes para desplazarse de un sitio a otro con gramófonos y chavales de campamento. Todos afeitados y vestidos de azafrán. Veo a niños monjes haciendo travesuras, con sonrisas pícaras observando desde el segundo piso del barco- autobús como nos alejamos de la orilla.

Y no puedo pensar en sus vidas malgastadas, en las aguas del Irawady desbordadas y fuera de sí, cabreadas, irritadas y totalmente ajenas a un Nirvana para ellos inexistente. Y pido para que al menos sirva para que ayudemos a un pueblo pacífico, amable y lleno de luz en la mirada. Un pueblo que irradia luminosidad a pesar de vivir en la oscuridad más absoluta.

PD: He estado investigando y Médicos Sin Fronteras está actuando en la zona por si queréis realizar un donativo. Yo ya lo he hecho. www.msf.es

servido por Honey 5 comentarios compártelo favorito

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

salustiana la porquera

salustiana la porquera dijo

hay algo inhumano, terrible, absurdo, en esas catastrófes naturales. Es como si nos diesen un toque de vez en cuando que nos dejase patente que somos una ridiculez, que somos frágiles, tremendamente frágiles. Lo cierto es que llegará ayuda, al final conseguirán recuperar la zona pero no sentarán las bases para que se desarrollen lo suficiente para poder enfrentarse a una nueva catastrofe y si lo consiguen, dará igual. Siempre habrá otra parte en el mundo donde quedará constancia de que no somos nada. Besos

7 Mayo 2008 | 11:42 PM

Alicia

Alicia dijo

parece que las desgracias se ceban casi siempre en las personas que no tienen recursos, pero que mucha veces sonrien mas que nosotros, lo que me parece mentira es la ineptitud del gobierno para distribuir la ayuda humanitaria, estoy contigo, entre todos un poquito seguro que algo haremos
petonets

8 Mayo 2008 | 10:54 AM

María

María dijo

Martola,
ya sabía yo que escribirías algo de lo de Birmania. Qué horror, qué pena. El otro día, antes de la catástrocfe, estuve mirando de nuevo las fotos. Ay!!
Un besote.

8 Mayo 2008 | 02:33 PM

clitoris

clitoris dijo

Tienes la suerte de haber pisado esa maravillosa tierra antes de esta catástrofe y de haber aprendido -tus palabras denotan maravillosas enseñanzas- de todas y cada una de esas sonrisas abiertas, francas y generosas de las que pudiste disfrutar durante tu estancia por aquellas latitudes. Tienes la suerte de poder recordarlas y de llevarlas contigo.

Ojalá que, muy pronto, sus almas se vuelvan a iluminar y puedan recuperar esas sonrisas.

Por mi parte, me ha encantado reencontrarme contigo, pese a lo triste del acontecimiento.

Un cálido abrazo:).

9 Mayo 2008 | 11:35 AM

Honey

Honey dijo

Salustiana, tienes razón somos nimios e insignificantes. Qué poquita cosa y cuánta importancia nos damos!

Ali, bella, es que a veces recibes unas lecciones de determinadas personas...

Mary, ay Mary, qué penita, yo también sabía que te ibas a pasar por aquí a ver si encontrabas algo de nuestra Birmania querida. Ese viaje me marcó y creo que a tí también, no?. Por cierto, tienes que llevar los negativos de las fotos a que los digitalicen. Venga hazme ese regalito, anda...

Clito, yo también encantada del reencuentro. Te leo de vez en cuando, lo que pasa es que eres tan prolífica que es dificil seguirte. Esperemos que la sonrisa vuelva a aflorar de nuevo, aunque será dificil para muchos.

Un beso enorme a todas!!

10 Mayo 2008 | 01:22 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Honey

Señorita Honeychurch

madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera