Agridulce
Tengo el corazón adolescente y las piernas me tiemblan de inseguridad. Dejo a las puertas del colegio a la ejecutiva, a la viajera, a la bailarina, a la escritora de alma y la bohemia de sensibilidad y me reduzco a la mínima expresión hasta convertirme en una cría tímida y evanescente.
Me acerco a mi colegio, al colegio que me vio crecer desde que tenía cuatro años. El que me soltó a la universidad, el que me implantó la semilla de todo lo que soy ahora. O las semillas, porque yo siempre he sido muchas plantas, casi una selva. Algo en el estómago sucede cuando me acerco a un edificio que me resulta familiar aunque su estampa no se ajuste perfectamente a la que tengo en mi memoria. Descampados que ahora son urbanizaciones de lujo, pisos nuevos, colores distintos en las verjas y bancos para comer las pipas en el recreo.
Llego con mi hermano y un amigo suyo afincado en Tarifa. El colegio está en la urbanización más lujosa de Madrid. Esperamos encontrar cientos de pelos mechosos y aznarines de flequillos al lado y camisas de polo. La primera impresión nos devuelve trajes de chaqueta con corbata de los últimos que se han ido. Chiquillos que todavía encuentran placer en ese disfraz de formalidad y edad sobrevenida. Nos miramos los tres; el de Tarifa, el de Vallecas y la de Chueca se ríen del camino recorrido. En el fondo nos enorgullecemos de haber decidido ser quienes somos, sin haber seguido la senda trazada, la senda que otros nunca llegaron a abandonar. Dentro, mucha gente que nunca miró por otros caminos, por otras gentes y clases sociales, por otros países, por otras realidades, por otros mundos aparte del protegido por gente de bien. Endogamia conservadora.
A la mayoría se les ve felices seguramente porque los infelices no se habrán atrevido a venir y mostrar con valentía su cara más amarga con cara de "bueno y qué". Porque tampoco es necesario. Todavía algunos reconocían pesadillas de suspensos y patios de colegio. Otros se reencontraban con compañeros que se les aparecían en sueños de forma recurrente.
Apareció el tío bueno del colegio y, milagrosamente, seguía estando igual de bueno.
Los profesores que marcaron tus aficiones o tus habilidades apenas eran capaces de recordar nada de ti o no parecían muy interesados.
Las preguntas iban dirigidas más al lado personal. A los hijos que no tengo, al marido que no tengo, a la pareja que se me hace difícil conseguir. Muchos habrán pensado a qué he dedicado mi vida si no tengo nada de esto. Nada de lo que parece fundamental y lo que se presume como logro de forma unánime. Y no sé como explicarles que mi vida es amplia, que yo soy múltiple y sigo llena de intereses como cuando era adolescente. Que tengo un puestazo aunque nadie lo pregunte. Que he visto mundo. Que cultivo aficiones como la escritura aunque nunca haya escrito nada. Que bailo aunque nunca haya bailado nada. Que leo aunque me quede la mayoría por leer. Que siempre tengo en mente lo siguiente. Que me preocupo por el mundo. Que he dejado viva mi sensibilidad inicial. Que me he preocupado por cultivar mi esencia y crecer como persona. Aunque parezca que solo me haya dedicado a ponerme mascarillas, a juzgar por las preguntas sobre mi pacto con el diablo. Y es que os lo confirmo; conservar la cría tiene efectos beneficiosos sobre el cutis.
Barra libre. Me paseo por las aulas, el gimnasio y el patio con un whisky con Coca-cola en vaso de tubo. Botellón en el recreo.
Y tras un montón de qué tal estás, sonrisas vacuas y abrazos sentidos, me vuelvo a marchar con ese sentimiento agridulce de medio vacío. Ese sentimiento de no pertenecer a ningún grupo, de ser una marciana, una rara avis que nadie ha llegado a conocer. Y que una vez más no ha sabido explicar quien es. Y que probablemente a nadie le importe.Y me voy con el corazón helado. Con el corazón hecho helado de nostalgia de limón.





srta desconocida dijo
Será que los demás necesitan buscar la confirmación de que son felices y exitosos fuera de ellos, y mientras tú, resulta que lo eres por ti misma, sin maridos postizos o un grupo de hijos que te maquillen. Y punto final, ¿Eres marciana? pues que suerte... :)
bicos
11 Mayo 2008 | 09:25 PM