Logo de La Coctelera

Suave es la noche

6 Septiembre 2007

Retorno

Los árboles miran a lo largo del camino, mudos, silenciosos, testigos de las penas y miserias de aquellos que osan atravesar la distancia hasta el pueblo. Atrás queda la estación, como una isla en el desierto, como un barco que arroja náufragos que no piden nada.
Un kilómetro puede hacerse muy largo, sobre todo si se lleva la cabeza llena de melancolía y una extraña desazón, compañera de viaje.
Aquella mañana la maleta me llamaba desde el rincón, anunciadora de un viaje imprevisto, repentino. Presagio de noches oscuras. Nadie me esperaba, solo el viento imitaba frases y ecos lejanos. En el horizonte, los campos labrados por campesinos ya fantasmas, y en el cielo, un sospechoso sol. Las calles del pueblo estaban desiertas. Unas calles donde había jugado, sufrido, herido, en la infancia de nuestros días; cuando todo aun se se anhela y las noches se temen. Aquí jugaba. Allí reía. Tal vez allí sentí congoja por primera vez. De aquellas acciones solo el recuerdo, fantasma que puebla mi mente. ¿Era yo aquel niño de rizos dorados y brazos abiertos, desconocedor de la angustia y la ansiedad temerosa ?.
El chirriar del pórtico dio acceso al interior de la casa. Una sala enorme recibía a los visitantes. El color salmón de las paredes, recias, opacas. La lentitud de los muebles y la oscuridad entre esquinas. El silencio era absoluto, mezquino, obligado a melancolías. En la cocina, olor a pan, a vida, a bizcochos, a un sabor primario, libre de falsedad e hipocresía.
Dejé la chaqueta sobre el viejo diván. La foto de un antepasado desconocido miraba escrutadora, arrogante, tal vez llena de soledad su pictórica alma.
Mi adolescencia fue atravesada de temores y miedos. Entre estas paredes aprendí la fugacidad de la vida, sentirse solo y desamparado en un mundo de lobos. Personajes iban y venían, con sus risas, sus necedades, sus manías, productos de un universo gris. Madrugadas de hielo y sonar de tejados. Una plaza siempre es una plaza, pero es distinta si es tapizada de recuerdos, si en el eco hay un niño que sonríe, preguntando que harás tú cuando despiertes a la verdad.
La tinaja, la despensa, el pozo, la tienda de caramelos. Una atmósfera de tibieza lo rodeaba todo, ahora que aquel universo estaba en sus horas bajas, en su decadencia.
Cuando desaparezca seguiré el mismo destino que el resto de los mortales: me convertiré en polvo sobre el polvo, en recuerdo abatido, en un brillo fugaz .El destino de la humanidad es mirar a las estrellas sin entender nada, para luego desaparecer para siempre.
Polvo en el camino y un brillo en los ojos forman parte de tu esencia.
Porque en tu esencia esta toda la genialidad del universo y toda su tragedia, y porque juntos somos lo mas bonito que ha creado Dios en esta Tierra.

servido por suave-es-la-noche sin comentarios compártelo favorito

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Últimos comentarios

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera