Enamorate, por favor.-
Todavia estoy algo anquilosado y tengo mucha agua en el cerebro, el proximo mas y mejor.
Llego tarde a la reunión, aparco el coche cerca de casa, me bajo, doy al mando del cierre centralizado y cambio las llaves por el móvil, le digo al teléfono “oficina” y me lo pego a la oreja, en la otra mano el maletín del portátil. Camino a toda prisa.
De repente me sale al paso y casi tropiezo con él esquivándole con una maniobra que puntuaría con un 10 en los juegos olímpicos modalidad gimnasia acrobática, cien metros obstáculos o casi cien metros artísticos. Me alejo mientras le dejo farfullando.
- Solo te pedía unas monedas, y lo mío no es contagioso, ni me mires aunque tengas la culpa de que yo esté así, pero me caes bien, corre a la plaza Pontevedra, a la parada del bus.
- Gili… No, perdona Patricia, que estoy llegando, tardo dos minutos, diles que esperen por favor.
Al salir de la reunión, paso por el supermercado de mi calle a comprarme algo de comer, algo que pueda hacer rápido. Dios dijo: Ganarás el pan con el sudor de la frente, pero aquello continuaba “y si sudas mucho, te ganarás un paquete de congelados y un microondas”.
Al salir me tropiezo con ese hombre de nuevo, estaba en la puerta, en una esquina y cuando crucé las puertas, iba pendiente de las bolsas y ¡zas!.
- ¿Me das algo?
- No tengo nada- Digo tocándome el bolsillo, con tan mala suerte que suenan las monedas que llevo.
- Gracias generoso, así me agradeces lo que he hecho por ti, pero me caes bien, vete a los jardines, al árbol desnudo.
Me doy la vuelta y respiro hondo, pero son las dos y cuarto y no tengo tiempo para discutir, así que expiro y sigo mi camino.
Día tras día me lo encuentro por mi calle. Lleva la ropa llena de manchurrones, rasgada y sus manos están tremendamente sucias , al igual que su cara. Cada vez que dice una palabra, el aire a su alrededor se convierte en inflamable. Lleva una bolsa de deportes de unas olimpiadas que pocos recuerdan que se hubiesen celebrado, en la que parece guardar tesoros por que no se separa de ella un momento.
Hoy es domingo, un precioso domingo, soleado, de sol perezoso que se está despertando tiñendo todo de dorado e ilusiones y voy a pasear a Nuna. Al salir a la calle, él está apoyado en un portal tambaleándose.
- ¿Me das un pitillo?
- No fumo, lo dejé hace tiempo.
- Hey, espera un momento ¿quieres saber hacia donde tienes que ir?
Me doy la vuelta y me rio.
- No te rías que por culpa de gente como tú estoy así.
Creo que ha abierto la caja de la culpabilidad.
- Mira, te invito a desayunar, espérame dos minutos.
Voy a la cafetería y pido dos cafés con leche para llevar, una docena de churros y un paquete de tabaco.
Al volver se ha peinado y arreglado un poco las ropas y parece que mantiene mejor el equilibrio. Nos apoyamos en la barandilla del Orzán y comenzamos a tomar el café y los churros mientras que Nuna corre por la playa.
- Gracias - me dice al tercer churro.- Como compensación tengo que decirte que deberías estar en…
- Déjalo.
-¿Ves? Así no hay manera. Esa es la actitud que me ha llevado a ser lo que soy.
- Mira, comete otro churro y bébete el café antes de que se enfríe.
Acabo de volver de vacaciones y lo que menos me apetece es verme metido en otro de mis extraños cuentos, pero a veces es imposible que un cuentista se escape de un cuento.
- Escúchame niñato, llevo muchos años dejándome la piel en mi trabajo ¿para que? ¿Para que alguien como tú lo eche por tierra? Mira a esa chica, está sola, mira a ese matrimonio, ni se miran, mira a esos dos…. Si es que… Pero tú vas a ayudarme ¿verdad? Si, para eso estás aquí, para ayudarme, tú puedes hacerlo.
- No se, tengo unas monedas.
- No necesito monedas, necesito tu ayuda.
- Vale ¿Qué quieres que haga?
- Necesito que escribas cuentos, cuentos de amor y que compongas canciones, canciones de amor, ayúdame a que la gente se enamore y vuelva a creer en mí.
Si no hubiese pasado por los estrambóticos incidentes que llevo vividos, pensaría que está borracho, que lo estoy yo, o lo que es peor, que lo estamos los dos. Pero le miro a los ojos y sigo escuchando.
- Verás, yo era un niño, si, me representaban con el arco y las flechas, pero sin saber por qué empecé a cambiar, poco a poco y no se como acabé así, como lo que soy ahora, un pobre diablo. Solo con el tiempo comprendí lo que había pasado, solo tenía que mirar a mi alrededor, la gente había dejado de creer en el amor. Ya no me necesitaban y ya se sabe que pasa con lo que no es necesario, generalmente se arrincona y poco a poco se deja que valla desapareciendo mientras miramos a otro lado.
A nuestro lado pasa un matrimonio, el le da una patada a un plástico en el suelo, ella le lanza una mirada de desprecio. Cupido traga saliva mientras me mira con desesperación. Subo a por el portátil y nos ponemos manos a la obra.
Días después y me cruzo a Cupido con un hermoso traje, brillantes zapatos, una sonrisa de oreja a oreja y hasta diría que está incluso más joven. Le saludo haciendo que me quito el sombrero, el me guiña un ojo, mira al frutero de mi calle que está saludando a la vecina, de repente la vecina se da la vuelta y suspira, el frutero suspira también.
Se me acerca y me dice en voz baja, no te intentes resistir, vete al paseo marítimo, el tercer banco, ella está leyendo.
En mi nombre y en el de Cupido "enamoraros, por favor"

















sexta-estrella dijo
hey sub,bueeeeeeeeeeeeno vale, listo, jejeee, ya sabes....., un cuento mu bonito, másssss.
besos petardo!
6 Septiembre 2007 | 10:46 PM