Martín (Hache), imprescindible
Madrugada de viernes. Una copa de vino. Silencio por doquier, una casa desierta -¿o quizás habitada?-, y un deseo que crece sin medida ni freno en el pecho sosegado -¿ansioso y falaz?-. Lo reconozco, son años de coexistencia y accedo a él, no es momento de resistirse...
