OCHO TREINTA, PE EME
Ocho treinta de la tarde.La playa: desierta. Miré a mi alrededor y sólo nos acompañaba la brisa. Ni las olas llegaban a la orilla; noté la ausencia de las gaviotas; no divisé barquitos a lo lejos. Me pareció un hecho, como poco, curioso. Rec...
