Dos mongolos en remojo (2ª parte)
-Tío, es que había unos munipas a la puerta de los chinos y era muy cantoso –se disculpaba Julián. -¡Me estoy cabreando que no veas! -Tranquilízate. No te pongas como aquel día en Jerez. Abrieron las tónicas. Su sabor no disgustaba a Fran, pero no había comparac...
