Sábado surtido
Buenos días. Es sábado por la mañana. Ya no podía esperar más. Tenía que elevar mi voz, a riesgo, caso contrario, de hacerla callar para siempre. Es decir: me he puesto rojo y me ardían las mejillas, he titubeado al pulsar la parte anterior izquierda del ratón. Pero ...
