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T E R R A L

Viento andíbero entre diaguitas actuales.

22 Agosto 2008

I n v e r n a l

Invernal / José Manuel Pizarro

La vida contrastada, flor y maleza, sugiere bienvenida para primavera adelantada en la franja costera. Cuando entre aguaceros lagrimosos y ventoleras indiscretas llegan noticias ligadas a la vida. Donde el amor por la naturaleza y el vuelo imaginativo podrían prodigar otros afanes para embellecer la precariedad de la existencia. Tres cosas hay en la vida…

La vida es vuelo de golondrina.

“Lo que yo de siempre he sabido es que la primavera comienza según las regiones de Chile, cada vez más temprano a medida que decrece la latitud. Es decir, en la medida que nos alejamos hacia el norte, la primavera comienza más temprano y eso hay que tenerlo presente”, sostiene Oscar Jofré, profesor en el área de la filosofía y gran conocedor del alma juvenil a través de sus años como Inspector General en el viejo caserón de calle Manuel Rodríguez en La Serena. Ahora, retirado ya de los horarios rigidos y viviendo como pensionado, persevera en el campo de la floricultura. Confirma, en relación a la estación: –“En las plantas se nota porque están todas las yemas reventando”. Hay vuelos.

La vida es vuelo de golondrina.

Con rebrotes de añañucas, azulillos y otras hierbas por la costa y el desierto, la narrativa diaguita de ayer y hoy apuesta por la vida. Es plumada que no mata, ni hiere en lo más considerado: la vida. Victor Domingo Silva (Tongoy 1822-Santiago 1960) incursiona en los contrastes. Así, para la primavera florida de la patria prodiga aquella arenga que aún sobrecoge el alma de los soldados y la juventud con grandes ideales. En efecto, el poema “Al pie de la bandera” pertenece al género épico en su amor por el emblema nacional. Por otra parte, en “Golondrina de invierno” (1912) examina el drama juvenil llevado a la novela. Silva, a poco menos de un siglo, ya visualiza parte de los dramas actuales. Pero…

La vida es vuelo de golondrina.

Reforzando aguaceros de año seco, la primavera viene volando, según los observadores del entorno costero. Las angosturas de agosto quedan atrás. El aquí y ahora –Hic et Nunc, en latín - , aún permite decir al profesor del Seminario Conciliar serenense: “Las yemas están todas reventando, las plantas creciendo y las malezas también desarrollándose tanto que si uno sigue esperando la fecha clásica del comienzo de la primavera, 21 de septiembre, después ya no va a poder desmalezar y se va atrasar, por lo tanto, un mes o más en la cosecha”. La primavera regala amor; el invierno, querencia. ¡Vale! La vida contrastada, flor y maleza, sugiere bienvenida para primavera adelantada en la franja costera.

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7 Agosto 2008

N i d a l e r a

Nidalera / José Manuel Pizarro

La rama añosa, nidalera al viento, prodiga cautela para podaduras anunciadas en la ladera vecinal. Cuando los pájaros de antaño anunciaban el rigor de los inviernos entre junio y julio. Donde una rama humilde de alamar sin hojas porfía en el paisaje de vergel urbano y galpones grises para albergar pajarillos huídos. Que linda la rama, la fruta…

El nido es azar de arca viva.

En la narrativa diaguita, la reiteración es norma. La greca infinita de la cacharrería antigua hecha con arcilla cruda y remojón eterno. -“Repite, tal como la naturaleza repite la especie hasta alcanzar su perfección”, reitera la gente mistraliana. Y, la maestra del Montegrande mece y mece la cuna de la intelectualidad rural en el valle. Ya Ifigenia, Rosalía y Soledad no andan en busca de reinos imposibles: descansan entre apreturas verdes que se suben al cerro. Sin embargo, la memoria repite y repite el nombre de las muchachitas vestidas de percal. Camino de perfección. Sin miedo ante la reiteración…siempre que tenga por meta: la belleza, recuerdan. Revuelan aves marinas.

El nido es azar de arca viva.

Tal como atrapaniebla en punto fijo, el álamo descabezado ha desarrollado una rama resistente al paso del tiempo. Sonríe tal como la viejita de los versos huidobrianos. -Non Serviam o aquello de restar adjetivos en la poesía. Es rama con hojas caducas en el camino. Tiene musgo por el sur y resecaduras por el norte. –“Sopladuras entre puelches y terrales”, apuntan los escribas del lugar. Allí está la rama (¿linda y generosa?). Además, el árbol, aunque mocho, deja entrever al enramaje que recuerda las formas alargadas o rechonchas para templarios nuevos en cruzadas imposibles. Intentan ver al trasluz alguna procesión solidaria en el crepúsculo litoraleño. Es que sólo, a veces, llegan las gaviotas. Pero…

El nido es azar de arca viva.

Con la persistencia de imágenes y sonidos rezagados en el aire, no lejos, la escena del último acompañamiento al primer pescador en el puerto llega clarísima. Alto, aún joven y luciendo barba negra en rostro apacible va mar adentro. Hay regocijo y devoción. Y no es para menos, el milagro se ha hecho ley para proteger a las especies marinas. A pocos días de declarar a Chile “territorio libre de caza de cetáceos”; las ballenas, especialmente, constituyen monumentos nacionales. El litoral ya es Santuario con San Pedro a la cabeza. Aquí y ahora, desde el alamar urbano se atisba apego a la vida silvestre. ¡Vale! La rama añosa, nidalera al viento, prodiga cautela para podaduras anunciadas en la ladera vecinal.

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4 Agosto 2008

R u m a

Ruma / José Manuel Pizarro

Las páginas impresas, ruma de papel, deparan sorpresas para escrutinio callejero en el casco antiguo. Cuando el arte de narrar surge entre la tipografía en blanco y negro para revivir parte de la fábula costumbrista. Donde la apertura audiovisual contemporánea facilita la vigilia permanente ante sucesos comunes. Rueguen por mí a Cuatro Remos…

La ruma es cima de suma vital.

Con posibilidades de volar, el cartelillo oscila entre la ruma y el vacío. Tiene mensaje urgente y transitorio (aunque no faltan los curiosos que aseveran haber visto tal aviso durante un buen tiempo) revela apremio y soltura. Anuncia que el dueño de la papelería ha partido a la colación y se pide al respetable que sólo aguarde un cuarto de hora. La ciudad de los campanarios – La Serena- suele compensar el asedio caluroso con el airecillo costeño que pasa por la huertería rezagada y los hostales emergentes. La brisa otoñal al mediodía combinando olores nuevos entre billetes viejos. ( Aún, fuera de temporada veraniega, es posible encontrar un buen almuerzo por menos de dos mil pesos). Buscan.

La ruma es cima de suma vital.

“Soy humilde, y como tal, no niego a mis progenitores. Soy hijo de una gran perra y de un perro no muy grande. Soy perro de presa, pero no de presos. Nací en casa noble, y los primeros días de mi infancia los pasé entre chiquillos que me hacían sufrir las penas de San Clemente. (…) Llegué al Circo con mi nuevo amo y fui presentado a todo el personal de la compañía. Había entre los perros una perrita que, por sus ladridos, creí debía ser la tiple de la compañía: ¡Yo pensaba que aquella era una compañía lírica! Yo quedé prendado de la perrita”. Tal es la partida de “Memorias de un perro escritas por su propia pata” y parte de otros párrafos insertos en el libro semi-escondido en la ruma papelera. Pero…

La ruma es cima de suma vital.

Habíamos quedado con el cartelillo alertando sobre la ausencia del vendedor de libros empolvados, la niebla del mediodía rebotando en la piedra canteada del convento franciscano y la mirada insistente de un buscador lugareño. En efecto, el prólogo de la edición en oferta, en parte, dice: “Su padre, don Pedro Allende, vio saqueada su casa de La Serena en la revolución de 1851”. (¿?) El prólogo es de Juan Uribe y el libro pertenece al escritor y periodista Juan Rafael Allende (1848-1909) quien fabula al modo cervantino. En balanceo, el cartel recuerda…“sonría lo estamos filmando”. Hummm. Las páginas impresas, ruma de papel, deparan sorpresas para escrutinio callejero en el casco antiguo.

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4 Agosto 2008

M a n o s

Manos / José Manuel Pizarro

La trama transparente, cenizas al viento, aporta imagen para viandantes mistralianos en la región de los valles. Cuando la asogada de ropa recién lavada revela la permanencia del delantal escolar inmortalizado por la diaguita universal. Donde podrían convivir niños que juegan con tordos huídos y quienes lloran por la mascota perdida. Dame la mano…

La mano es ama de cinco genios.

Mientras amaina la tormenta de cenizas en el sur y los volcanes –chonchones- rezongan por dentro, los niños curiosos se asombran ante lo que muestran los medios de comunicación. Chaitén arde. Así, por estos días, junto al fenómeno natural viene el asombro humano: “En la tele…hay que ver a los hombres llorar por su tierra; ¡tener que dejarlo todo!”, la reflexión aflora con asombro y sentimiento. En la Región de Coquimbo, con sacudones de vez en cuando, los herederos del campó pastoril saben de apegos al terruño. En portada de revista, la imagen del caballo blanco que brinca ante el hongo de humo revela, además del acierto fotográfico, el miedo en los hermanos menores. Una mano.

La mano es ama de cinco genios.

Con cinco medidas, tal como los dedos de una mano, las acciones afectivas, científicas y solidarias cobran vitalidad en la zona afectada por la erupción. Con fuerza de pulgar la representatividad del Gobierno en la X Región, el índice para cautelar los bienes con la prohibición a las enajenaciones, el cordial para las exenciones de pagos tributarios en las cuatro comunas de la provincia de Palena, además, el bono ganadero para la próxima primavera, el anular con el llamado al sector privado para cautelar fuentes de trabajo y, finalmente, el meñique con las vacaciones invernales adelantadas y la invitación para recoger a los hermanos menores desde su abandono involuntario. Faltan manos. Pero…

La mano es ama de cinco genios.

Habíamos quedado con los viandantes mistralianos, la sogada de ropa escolar secándose al sol. La tierra con aire de año seco y los niños del sur. Aquí y ahora, los higuerales de Montegrande no saben a Chaitén ni Río Blanco. Aunque, El Porongo, El Toro y otros, podrían rebelarse. Tito Mundt, periodista, dejó escrito: “Chile es un país en que las lámparas bailan, en que la tierra se abre, en que los cerros cambian de sitio y en que los textos de geografía hay que rehacerlos todos los días”. En los albergues posibles de Elqui, aún hay sogales con batas claras de percal. Otra mano. ¡Vale! La trama transparente, cenizas al viento, aporta imagen para viandantes mistralianos en la región de los valles.

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31 Julio 2008

Delicia


La fontana agreste, agua clara, evidencia reposo para ideario mistraliano en la capital elquina. Cuando los días de agosto caen tal como las gotas cantarinas que merodean entre angustias, delicias o desencantos. Donde la vieja Alameda de las Delicias vicuñense toma el sol de invierno aguardando a otra primavera. ¿En dónde tejemos la ronda?

La fuente es ronda de agua clara.

Para los cientos de turistas que husmearon desde la plaza pública al antiguo paseo vicuñense, la sorpresa se acentuó en forma de fontana. Así, el corolario para la Vacaciones de Invierno, con fuente española a la vista, resume la idea del buen decir y la transparencia. Agua, en movimiento, para todas las edades. Agua clara de ríos profundos: Claro y Turbio. Agua de otros tiempos con la niña Lucila bebiendo a dos manos, María Isabel bajo el rocío de amaneceres y el poeta Carlos Mondaca despejando nieblas por los caminos. No lejos, naranjos centenarios lucen su frondosidad con el verde que te quiero verde y la fruta amarilla en tornasoles iberoamericanos. Es la hora de los pucheros.

La fuente es ronda de agua clara.

Desde el piso segundo, con ventanal a la renovada alameda, el movimiento de buses no cesa de abajo arriba. Aunque semivacíos, efecto de la temporada, pasan de largo o suelen detenerse para dejar a solitarios curiosos o delegaciones que repletan la mesonería en un dos por tres. Es el fluir de los tiempos nuevos. Es la ronda de los que tienen el plato asegurado o por conseguirlo. Pugna a la vista por sobrevivir en el paraíso perdido de los otroras diaguitas y ,hoy, modelo de valle en desarrollo, aciertan. – “Hay de todo y todo cerca”, asegura el vecino de mesa que comparte con su familia. La bebida multinacional no hace sombra al vaso de vino y al postre natural: mote con huesillos. Pero…

La fuente es ronda de agua clara.

Habíamos quedado con la fontana que regala agua clara, las angosturas de agosto y la vieja ronda mistraliana: “¿En dónde tejemos la ronda? / ¿La haremos a orillas del mar? / El mar danzará con mil olas, / haciendo una trenza de azahar. / ¿La haremos al pie de los montes? / El monte nos va a contestar / ¡Será cuál si todas quisiesen, / las piedras del mundo, cantar!”. Gabriela señala el deseo de compartir aunque las distancias y los protagonistas se encuentren en la costa o la cerrería elquina. En la hora nona – tres de la tarde- todo parece ronda. Nadie, al parecer, arroja agua en la cara. ¡¡Vale!! La fontana agreste, agua clara, evidencia reposo para ideario mistraliano en la capital elquina.

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29 Julio 2008

A t i s b o

Atisbo

El poncho otoñal, urdido de hojarasca, recuerda recetario para curandería aldeana en la región de los valles. Cuando la corteza de arboleda huacha ayuda en el alivio de los pesares. Donde el alamar poblacional regala parte de la manta diaguita para tierra de hojas y, ahora, raspaduras cuarentonas de su tronco. Árbol que anuncias al viandante…

El árbol es atisbo de cielo posible.

Y, el vozarrón “¡¡Abril, lluvias mil!!” se va por la ladera abajo. La niebla costeña persiste entre sombras de caminantes al mediodía. Ni una gota. El arbusto de la vereda acusa la falta de agua y otros ya reciben la dosis mínima para revivir. La manguera territorial, anudada de por medio, resta líquido como preanunciando racionamiento. (De alguna manera hay que sostener la vida de los hermanos menores, piensa el franciscano regador). Los ponchos arboleños de Huasco, Elqui, Limarí y Choapa muestran la trama de hojas resecas por la estación otoñal del año y la regulación en el riego. Lucen prestos ante las exigencias visuales de la gente que busca la estética del paisaje regional. Remiran.

El árbol es atisbo de cielo posible.

Por estos días, entre la resonancia de horas destinadas a la voz, la lectura y otras sugerencias en el buen vivir, asoma a la vida cotidiana el Himno al Árbol. Tal poema está destinado al viandante atento y caballeroso que hizo lo imposible por llevarse a la guardabosque recia de arboleda expuesta y suave como la higuera bíblica de Montegrande. Gabriela dice: “Árbol hermano que, clavado / por garfios pardos en el suelo, / la clara frente has elevado / en una intensa sed de cielo: / hazme piadosa hacia la escoria / de cuyos limos me mantengo, / sin que se duerma la memoria / del país azul de donde vengo”. Así, la maestra de las sayas pardas y guardabosque del país azul, agradece. Pero…

El árbol es atisbo de cielo posible.

El atisbo de año seco, la cura de males con remedios caseros y el recuerdo de la autora de “Lecturas para mujeres”, entre otras obras, repleta los párrafos anteriores. Ya, al parecer, no hay espacio para el viandante local que detiene su bicicleta y pregunta si es posible sacar una corteza del álamo mayor: -Es un secreto para la salud según la radio, dice. – No hay problemas, contestan desde la ladera. La tarde viene presurosa; la noche, calmada. No resulta difícil hurgar en la lectura de los versos de homenaje a don José Vasconcelos, Ministro de Educación, anfitrión de Gabriela en los años veinte. ¡¡Vale!! El poncho otoñal, urdido de hojarasca, recuerda recetario para curandería aldeana en la región de los valles.

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15 Julio 2008

C u a t r o b r a s

Por estos días ya soplan terrales venideros. Es soplo de voz académica y popular. El encuentro entre escribiduras y gramáticas se hará, por supuesto, en la ciudad del viento...

Cuatrobras

Los trabajos culturales, cuatro bases de papel, apuran zancadas para andadura bicentenaria en la franja tricolor. Cuando los muestrapalabras suelen ir más allá de las explicaciones didácticas. Donde la poesía se viste de gala y la gramática señorea entre las reglas ortográficas y modismos nacionales. Vamos jugando al hilo de oro…

El decir es eco de voz viva.

Tal como el criollo que manda a tejer una manta y encuentra sus razones en cada uno de los tres colores, la generación innovadora de curiosos impertinentes aguarda revelaciones. Y, la lengua española sigue en su andadura de tejedora. Para la diaguita universal – Gabriela Mistral-, la madre de allende los mares aún entreteje canciones de cuna para matizar colores nativos. Huidobro, caballero y no escudero, deja una versión poética del adalid en muchas generaciones: Mio Cid Campeador. Neruda, parodiando – un poco- aquello que la herencia de la cultura griega aún representa cadenas, admite la sobrecarga iberoamericana con voz agradecida. Alguien sonríe entre rojos, negros y verdes.

El decir es eco de voz viva.

En informaciones recientes, las tareas para el Bicentenario vinculadas al idioma y la creación literaria tienen pronósticos generosos. Con mesa sólida y manta colorida, Chile aparece como anfitrión para el V Congreso Internacional de la Lengua Española. “América en la lengua española” es la consigna del encuentro en Valparaíso en los primeros días de marzo del año 2010. Cuatro bases de papel reafirmarán la mesa familiar con Presidenta y Rey a la cabeza: Diccionario de Americanismos, Diccionario de Chilenismos, Nueva Gramática de la Lengua Española y Reedición de la Ortografía Académica. Así, las dos primeras bases compilan y las otras sostienen lo sabido. Pero…

El decir es eco de voz viva.

La voz activa la tendrá la poesía con millones de libros conmemorativos. Aunque, la prosa también ocupará su lugarcito en la mesa, el arte de los contadores de patrias en América del Sur tendrá posicionamiento con el autor peruano Mario Vargas Llosa, entre otros. La poesía viene alegre; la prosa, inquieta. Con “Cartas Pehuenches” de Juan Egaña y movimentos literarios desde 1842, la prosa aún acompaña tal como Cenicienta. Así, desde el modesto artículo de opinión, la métrica, las reglas de ortografía en la expresión escrita harán de participantes activas en el puerto. Ponen la mesa. ¡Vale! Los trabajos culturales, cuatro bases de papel, apuran zancadas para andadura bicentenaria en la franja tricolor.

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28 Diciembre 2007

S e i s

Cuando la hoja del calendario aún no cae, los diaguitas actuales ya preparan su fiesta. Por el momento las puertas de la parroquia aldeana estan cerradas. Más temprano que tarde viene la fiesta...

Seis

El número seis, aritmética del amor, aporta nostalgias para parroquianos antiguos en la lonja ribereña. Cuando el calendario viene con fecha privilegiada para prolongar el entorno mariano en la capital cultural de los diaguitas. Donde el verde de los viñedos, el rojo de los duraznos y otros frutos pintan cuadro costumbrista. Hay campanas de fiestas…

El amor es resta de seis letras.

El día seis de enero era inamovible en el calendario religioso de los diaguitas de antaño. Así, por años, las faenas cuadraban sus horarios con tareas anticipadas o por hacer y la gente acudía a los actos en homenaje a Nuestra Señora del Rosario. “La Fiesta del 6 de Enero”, fija. Desde la historia, junto a los primeros predicadores que se internaron valle adentro, hubo cultores de los rituales aborígenes que compartieron inquietudes con los recién llegados: los primeros aportan el catecismo y los segundos la danza. Más tarde, el verseador canta: “Mediodía en el pueblo / y la plazuela con sol, / medio pueblo en la calle / con asombro y devoción (…)/ Tu Pascua es otra Pascua / con postergación”. Repican.

El amor es resta de seis letras.

La cofradía de danzantes, mediadores entre arte y religión, tiene su retorno al espíritu de los viejos fundadores.-“La Fiesta del 6 de Enero vuelve en gloria y majestad en este año 2008”, replican los vecinos antiguos de la localidad ribereña a 65 kilómetros de La Serena y en el corazón del Valle de Elqui. Conocida es la anécdota del primer cambio o pasada por alto del día seis de enero en 1953. Las palabras sacan palabras. Sólo la mediación de Juan José Rodríguez facilitó la continuidad de la procesión por la calle única del pueblo...,“hasta donde llegue la Virgen”, sugirió entonces el recordado ex párroco diaguitano. Desde esa fecha predomina el cambio. (¡Ya lo sabe el señor cura y el cacique, también!). Pero…

El amor es resta de seis letras.

Desde lo alto del campanario, con repique constante, el regreso de la procesión sólo es clamor por un instante. La añoranza representativa del arte y la fe religiosa que parte desde el siglo XVI, en la hacienda nueva, cerca de un río diaguita. Mientras cientos de feligreses visitan al Niño-Dios en Sotaquí, otros grupos acuden al culto mariano al pie de Mamalluca. Y no es para menos, la aritmetica del amor, en cuestiones de la fe, suele sumar milagros. Con campanas al vuelo, el Terral podría desempeñarse tan eficiente como un monaguillo venturoso. Y, ésto, ya lo sabe la gente de buena voluntad. ¡Vale! El número seis, aritmética del amor, aporta nostalgias para parroquianos antiguos en la lonja ribereña.

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Sobre mí

José Manuel Pizarro, con la prosa lírica vinculada al terruño.
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