14 Mayo 2008
Telegráficamente, porque son días complicados y Camboya no destaca por su red de telecomunicaciones. Agradezco mucho-mucho-de verdad los mensajes varios de interés llegados estos días.
Pasó un ciclón por Birmania con 100.000 muertos en el camino que no me ha pillado. Ha habido un terremoto en China que ha dejado no menos de 25.000 fallecidos y que he visto por la tele. Acabo de leer que en India también explotaron cosas varias que se llevaron a 80 personas por delante y que también me pillaron lejos. Conclusión: estoy bien. Algo quemadito por el sol, pero entero.
En otro orden de cosas, Tailandia mola, pero Camboya es otro mundo. Desde Phnom Penh con amor, en unos días adjunto fotos y texto que merezca la pena.
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1 Mayo 2008
Entrada breve a tres horas de coger un vuelo con destino Bangkok. Durante 18 días me ausento de China para acercarme a Tailandia y Camboya, a ver qué hay. No quiero dar excesiva envidia, pero tiene una pinta estupenda, para qué engañarles.
Entre los objetivos, pasear por Bangkok, acercarse hasta el sur de Tailandia allí dónde barrió el tsunami en 2005, ver las evoluciones de hijos de puta colegas del austriaco pervertido que sale ahora en los periódicos, bañarme la playa de "La playa", llegar a la frontera camboyana, cruzar el puente sobre el río Kwai (que existe), perderse por los templos de Angkor, descender por el Mekong mientas busco charlys y a Kurtz escondido en las orillas, pisar Phnom Penh y sentir e miedo en los campos de exterminio de Pol Pot, ese otro hijo de puta. Luego regresar a Pekín con la mochila repleta de felicidad.
Es probable que queden muchos planes pendientes y que aparezcan otros de la nada. Haré fotos y eso. A la vuelta les cuento.
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29 Abril 2008
El Salsa Caribe es un antro de la noche pekinesa tan deleznable como su nombre indica. Se trata de un lugar dónde ponen música salsa y está ambientado en un (supuesto) entorno caribeño. Un poco el antagonismo de lo que es esta ciudad en realidad, vaya.
"Mira quien baila", versión Pekín. El concurso de salsa por parejas es tan triste como parece.
Después de tres meses aquí, todavía no lo había pisado. Este pequeña honra ha quedado reducido en los últimos tiempos, en los que se frecuenta este lugar de modo tan innecesario como constructivo y gratuito (los porteros chinos también son tan lamentables como en el resto del mundo).
Situado en el área de Sanlitun -la zona de bares y discotecas para occidentales-, el Salsa Caribe no destaca ni por su elegancia, ni por tener la bebida barata, ni por el ambiente distinguido. Su música abarca un abanico amplio: desde 'Volare-uoo-cantare-uoooooo' hasta el 'reaggeton', esa subinvento demoníaco. Incomprensiblemente, es uno de los lugares de más exito de la nocturnidad en la capital china.
Su público es mayormente extranjero, aunque la salsa es un estilo musical que -incomprensiblemente también- pega fuerte por aquí. Ver a un solo chino estándar bailar salsa deprimiría a toda la rúa de Carnaval de Río de Janeiro. Ver a muchos de ellos en acción provoca que hasta yo mismo esté orgulloso de lo rumbosa que es mi cadera, que siempre he sospechado que es de acero forjado o similares.
Aunque sin duda el mayor atractivo del lugar para el gran público es la notable ligereza de cascos de la que hace gala todo el mundo. Aquí mucha gente va a lo que va. No me parece mal, aunque el buiterío termine rozando cotas de patetismo hilarantes. Me explico.
El Salsa Caribe tiene un piso superior, aparentemente desaprovechado. Mesas esparcidas, una barra cerrada y poco tránsito, más allá de camareros y alguna gogó de camino al escenario. Un sitio tranquilo, un vip sin necesidad de lucirse. Así, el objetivo de este "apartado" -a diferencia del resto de reservados del mundo- no es tanto ser visto como mirar. Resulta una atalaya apasionante para seguir el devenir nocturno de las especies.
Y a fe que me he aficionado, ni que sean cinco minutos cada noche. Cual Louis van Gaal de estar por casa, uno puede diseñar la táctica de la noche. ¿Cómo? Por ejemplo:
En banda izquierda, cerca de la entrada de los baños, se situa una pequeña aunque activa colonia francesa de adolescentes, la mayoría de ellos tipo XY. "Les petits Sarkozys" lucen sus melenas dirección a la colonia de indefensa autóctonas que les lanzan miradas furtivas, a mitad de camino entre el miedo atávico de China al exterior y la fascinación occidental. Ellos se dedican a tantear el terreno sin perder de vista las evoluciones de la bailarina cubana que enseña a bailar salsa a la esforzada audiencia. Se trata de un objetivo más ambicioso, que a primera hora parece factible para volverse más complicado a medida que transcurre la noche, por lo que es previsible que el grupo francés se dedique a hazañas menos gloriosas.
En primera fila, la rivalidad preside el local: un interesante duelo latente entre latinas y eslavas, o si lo prefieren, el clásico dilema de rubias o morenas. Difícil elección. Son guapas, lo saben y una decena de chinos con la boca abierta y disfrazados de raperos de pega se lo recuerdan a cada contoneo. Entre ellas destacan la novia del bailarín mulato y una rusa preciosa pero que lleva escrito en la frente con purpurina algo así como "son 1500 yuans, el taxi aparte". Por detrás, avanzan posiciones los africanos.
Una improbable tribu de angoleños, ruandeses y mozambiqueños otea el horizonte. En Pekín, el exotismo resulta un añadido interesante -inciso: ¿alguien había conocido a una kirguiza de Kirguizistán antes?- pero no definitivo. Hay que lucharlo. Las hijas de Mao no se muestran muy receptivas a sus encantos, obsesionadas con la idea del occidental romántico que han visto en las películas de Hugh Grant. E
n las mesas, muchas camisas y americanas de marca esperan su oportunidad, mirando al respetable por encima del hombro con los ojos modo Michael Douglas en Wall Street. Su botella abierta de Möet Chandon o similares les delata. La experiencia dice que acabarán levantándose a sudar la camiseta. O quizás le pregunten la hora a la rusa anteriormente mencionada.
Sin embargo, la tragedia se palpa cuando un grupo de amigas británicas entra por la puerta. Con gorritos de despedida de soltera y esos mofletes rojizos que se les ponen a los ingleses cuando beben demasiado, su ansia de fiesta les delata. Por su fuera poco, entran empujando y gritando como condenadas.
Un grupo de estudiantes italianas poco lanzadas les mira con hostilidad: les están pisando el terreno y, más fisicamente, los propios pies y los estupendos tejanos de Dolce&Gabanna probablemente recién adquiridos en el mercado de ropa que está a 300 metros. Las hijas de Churchill son presa de miradas cruzadas entre los distintos amfitriones: ¿quien se lanza primero? "Hello, pretty girls. Where are you from?". Mientras tanto, arriba, en el primer piso, un barcelonés apura el último sorbo de Chivas, ese whisky que no parece whisky y que por eso le gusta. Pekín, de noche, es más divertido, reflexiona. De fondo, Shakira insiste en que las caderas no mienten. Qué gran verdad.
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28 Abril 2008
Leo con preocupación -dada mi inestable perspectiva becarial- que el paro en España se ha situado en el 9,63% según el Inem. Un montón de factores que se resumen en un parón económico ha motivado la caída del empleo a niveles de hace quince años. Yo hace quince años no trabajaba y, de hecho, técnicamente tampoco lo estoy haciendo ahora, aunque ese sería (otra vez) otro tema.
La cosa es que en China (locomotora mundial de la economía, blablabla) los últimos datos sitúan la tasa de paro urbana en el 4,1%.
Haciendo estadística de andar por casa, la mitad de los habitantes del Reino del Centro vive en áreas urbanas, ergo 650 millones. De estos, un 60% entran dentro de la población activa, es decir, en edad de trabajar. Como 400 millones, pongamos. Lo que, cruzándolo con el 4,1% nos da que China tiene 16 millones de personas sin empleo sólo en las ciudades.
Bien. Llegados a este punto, otro matiz: las estadísticas oficiales del Buró de Estadísticas de China no se las cree ni Hu Jintao hasta arriba de licor de arroz. Son cifras cambiantes, moldeables al gusto del poder. Basta con decir que el mismo organismo ha modificado medio punto el crecimiento de la economía en 2007 del 11,4% al 11,9%. Se ve que algun becario se descontó al sumar unos billoncejos. En fin.
A lo que iba: que el empleo en las ciudades chinas es artifical y costoso para el Estado, pero necesario para evitar más galopadas populares por, pongamos, Tiananmen. La gente sin trabajo no consigue ingresar dinero, y sin dinero no hay fideos ni arroz. Así que el gobierno lo soluciona dando empleos imaginativos para todos.
Por ejemplo, vigilantes de plazas de aparcamiento en la calle (a cargo de no más de 5 coches cada uno). También son curiosos los dos encargados de cortar entradas en cada estación de metro mientras las máquinas automáticas ya instaladas descansan bajo las mantas. Igualmente apreciables son los jardineros jubilados, auténticos ejércitos que arrancan matojos sin piedad a razón de un tipo cada medio metro. No menos anonadados dejan los chicos encargados de poner las compras del súper dentro de las bolsas de plástico, tarea independiente del trabajo de las cajeras. La propoción de 20 camareros por diez mesas en muchos restaurantes también resulta una herramienta perspicaz para acumular capital humano.
Aunque mis favoritos son los abrepuertas, a razón de dos por cada entrada de edificio y/o local y no siempre bien coordinados. Desconozco el número total de puertas y portales existentes en Pekín, pero con 17 millones de habitantes que tiene este bucólico paraje pueden hacerse a la idea de la enormidad del gremio sólo en la capital china.
Se trata de empleos totalmente accesorios pero básicos para mantener un nivel de ocupación aceptable, aun a riesgo de retrasar la implantación tecnológica. En China, la fábrica del mundo, la mano de obra es una fuerza taaaaaaaaaaan bestial que se permite el lujo de apartar la modernidad en forma de puertas automáticas, canceladoras de billetes o las tan odiadas máquinas de zona azul. Todo sea por la "sociedad armoniosa" que dice Hu.
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27 Abril 2008
Reconocer alguna cara paseando por la ciudad, los cafés malos de un bar cuaquiera, escuchar a Federico por la radio, el olor a meados en las calles de madrugada, mi lamentable opel corsa, los tópicos chistes malos, que la gente se indigne por una tontería, los tumultos de Sant Jordi, el ombliguismo de Barcelona, entender lo que pasa a mi alrededor.
Creo ser un tipo duro. Quizás no tanto como Harry el Sucio o Sylvester Stallone, pero lo suficiente para aguantar estoicamente lo que me echen. En los últimos días han llegado bofetadas a traición, alguna sensación de menosprecio y nuevas escasamente esperanzadoras de otros becarios allende los mares. Sogas de ésas que aprietan, pero todavía no ahogan.
La situación respecto a semanas anteriores tampoco ha cambiado tanto: varios iconos positivos más, las típicas malas noticias -algunas inevitables, otras no tanto- y perspectivas razonablemente buenas. Sin embargo, continuan faltando certezas, realidades a las que agarrarse. El periplo pekinés está destacando, de momento, por las enormes dosis de equilibrismo que requiere. Sigo sin sentirme sujeto a nada, trapecista sin red, astronauta sin nave nodriza.
La "nebulosa" que se avecinaba y que fue incapaz de retener en febrero a Pablo ya llegó, aunque ha resultado ser -redundantemente- más niebla que otra cosa. Imagínense: ven una nube acercarse y entran en ella. Huele bien y se está fresquito. Sin embargo, mirando adelante, sólo se sigue viendo más niebla. Lleva tres meses así.
Lo que uno imaginaba la entrada de la fortaleza está resultando ser, de momento, sólo puerta. Repito: es una puerta bonita, con detalles virtusos y cietamente me gusta, pero no por ello deja de ser una puerta.
Es cierto que el salto cualitativo es importante. Voy a tirar de anglicismos y preposiciones: en cien días aquí, he pasado de estar "in front of" a sentirme "on" Pekín. Bien, ¿en algún momento llegará el "in"?
Repetí en muchas ocasiones que Pekín no es fácil. Hay muchos extranjeros que viven felices aquí y otros que simplemente se dedican a respirar. No obstante, una verdad cae a plomo: un expatriado en Pekín nunca dejará de ser un expatriado. Exactamente igual que un chino en Europa siempre será eso, un chino en Europa. La tontería de la integración y tal.
En Pekín me han otorgado muchas procedencias: según la fuente a la que se acuda, tengo cara de francés, alemán, inglés, americano, e incluso de ruso. Jamás me han dicho que parezco chino, al igual que tampoco nunca me han tomado por español (aunque este sería probablemente otro tema).
De hecho, en viajes por Europa siempre me ha hecho gracia que me confundan por nativo. Me han preguntado dónde está el ayuntamiento de Frankfurt y si puedo indicar qué metro tomar para llegar a Notre Dame. La conclusión es clara: tengo cara de nada. Lo que ahora es inevitable es darse cuenta que cuando entre en un restaurante en Pekín siempre habrá un silencio y miradas cruzadas y que cada vez que compre una sudadera pirata en el Mercado de la Seda me van a intentar timar como a turista recién aterrizado de Kentucky. Con una semana, un mes o cincuenta años.
No por obvia la conclusión deja de ser descorazonadora, más aún cuando el fin último siempre ha sido entender. Y ahora, snif, no entiendo. Y, cual alumno tonto que se enfrenta a las ecuaciones, no veo manera de hacerlo.
servido por tintachina
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25 Abril 2008
Recupero hoy una sección casi olvidada, más por pereza que porque no hayan aparecido nuevos dramas. En fin.
Hoy, en el capítulo 4 de "Dramas Cotidianos": China, ese gran país, y su puñetera manía de dormir sobre colchones y somieres duros como el hormigón armado.
Se trata de una costumbre heredada de antiguo, según me comentan los veijos del lugar. Antaño se acostumbraba a dormir en el suelo y -creo- sólo amortiguados con una estera de madera o bambú. Dicen que es lo mejor de lo mejor, porque la espalda queda recta y blablabla. Mmmm.Permítanme otorgarme el beneficio de la duda. Es posible que para aquellos seres humanos de bien que se quedan dormidos como troncos boca arriba sea perfecto. Pero para el resto de los mortales, incluido yo mismo, que dormimos en posiciones extrañas -boca abajo, de lado, con la columna vertebral haciendo equilibrismos- resulta infernal.
Uno, con su inomnio de estar por casa, tiene tendencia a moverse por las noches y a no mantener una postura digna. Eso provoca que muchas noches se despierte con un hormigoneo insoportable en el brazo o en las vértebras dorsales. Después de algunas horas aprisionados bajo el cuerpo o doblados completamente, estos miembros corporales dan señales de que algo no funciona.
El concepto cama blanda queda reducido a hoteles de muchas estrellas o a la imaginación de cada uno: hay quien encima del colchón se pone una colchoneta hinchable de playa y otros que recorren el Ikea -sí, señores, las estanterías Svärssonkpf y las mesas Knüssendör también tienen éxito entre los hijos de Mao- y compran una manta blandita y mullida.
Pormi parte, sigo sufriendo estoicamente cada noche, confiando que esta penitencia tenga sus frutos, como cuando Alá promete lo de las 70 vírgenes por suicida.
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24 Abril 2008
Era una madrugada cualquiera en Pekín, de esas típicas madrugadas de miércoles a jueves en las que todo el mundo sale (?). En la tele, ponían un equipo de fútbol había empatado a nada contra otro, que pudo ganar cuando la primera cerveza todavía no había llegado. El partido terminó y alguien salió a la calle.
-¿Oye, qué hora es?
- Las cuatro y media, un poquito más tal vez. Espera... -gesto de mirarse la muñeca-, son las 4 y 37, exactamente.
- Ahá. Gracias.
(Silencio reflexivo de tres segundos, hay momentos en la vida de un hombre en los que cuesta hilvanar pensamientos, y no precisamente por el alcohol, esa excusa habitual).
- ¿Y a las 4 y 37 de la mañana ya es casi de día?
- Pues parece que sí.
En China todo es blanco o negro. Es lo que tiene este gobierno. Así, el secretario general del Buró de la Fecha y la Hora, perteneciente a la Oficina General de Eventualidades Ineludibles Naturales, dependiente a su vez del Ministerio para que Todo lo Interno Funcione y Nadie Proteste, que da cuentas al Comité Permanente del Reino, controlado directamente por El Gran Líder que Cambia Cada Diez Años decidió un día, allá por cuando Mao -o quizás antes- que en toda China sería la misma hora. Por algo este hermoso lugar se llama El Reino del Centro (Zhongguo).
En términos de longitud, es decir, desde el extremo más oriental al punto más occidental China mide alrededor de 5.200 kilómetros, o si lo prefieren lo mismo que hay entre Barcelona y Dubai, o entre Nueva York y Lisboa. Que no es pequeño, vaya.
Sin embargo, por esas cosas mágicas que tiene este gobierno y sus soluciones salomónicas, el huso -así con h, como hídolo o hesto- horario es exactamente el mismo en Harbin (la ciudad más cercana a Corea del Norte) que en Kashgar, casi tocando a Afganistán: estamos situados en el +08.00 GMT, tanto en invierno como en verano, sin cambio horario (aquí no gustan de modificar ni eso).
Cuidado, que esta tontería no es baladí, porque Kashgar -si los chinos hubieran utlizado la lógica, que es pedir mucho- debería estar como cuatro horas por detrás del reloj, compartiendo horario con Kabul y otros hermosos rincones de la estepa asiática de su misma lontigud.
Así, las disfunciones creadas són apoteósicas. Porque si en Pekín ahora amanece sobre las 4:37 horas y se pone el sol sobre las 19.00, pues calculen que en Kashgar a eso de las 8.15 de la mañana sale el sol, que aguanta hasta las 23.00 horas. Y mejor no hablar del invierno perquinés y sus anocheres a las tres de la tarde, que descolocan a cualquiera y con los que todavía tengo pesadillas.
Pregunta: ¿Tanto costaría ponerlo todo en orden? Respuesta: Sí. Muy complicado. Misión imposible. Los chinos teniendo que coordinar cosas en distintos modos y pensando qué hora es en cada lado. Dramón del quince, que dice la juventud de hoy en día.
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21 Abril 2008
Andando por Pekín, me pareció tener un 'deja vú'. Les cuento: Wangfujing jie, la principal arteria comercial de la capital china. Un montón de tiendas de marcas mundiales a precios que el 98% de los hijos de Mao no cobran en un mes. De repente, una frase familiar...
Li Ning es la principal marca deportiva china, que aspira a codearse con los mejores en unos años. Ya lo dice su lema: "Anything is possible". Pero, espera, ¿de qué me suena ese eslogan, dónde lo he visto yo antes?

Vale, venga, concedo el beneficio de la duda. Se trata de un parecido razonable más. Adidas lanzó la campaña en enero de 2007 y Li Ning lo hizo en marzo. Si es que seguro que los creativos de las dos empresas eran amigos, se fueron a cenar juntos e hicieron la broma de ponerlos casi iguales. Pero propongo otro ejercicio de agudeza visual nivel beginner: en la foto se puede ver como el logotipo de Li Ning...
...tiene un "aire" muy airoso a otro que anda por ahí vendiendo cosas de sudar y tal.
En fin. Para echarse a llorar. Sólo es un ejemplo de lo mal que (se) saben vender los chinos, de la preocupante falta de creatividad y originalidad que corre por aquí. Del desconocimiento de las mínimas nociones de marketing y campañas publicitarias, que repercute en la mala imagen de las marcas, del país e incluso de los propios chinos. Algún dia, mejorará, seguro, pero de momento da pena, penita, pena.
servido por tintachina
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