En mi reciente busqueda de nuevas experiencias auditivas, con la finalidad de expandir los horizontes sonoros de mis lectores, ahora escuchantes, y dentro del eclecticismo que me caracteriza (vale, me he pasao... ¿a qué parece que me estoy preparando para un casting de Radio3?), les recomiendo que se pasen por la página de la Beirut Band, nombre utilizado por uno de esos solistas polifacéticos de "yo me lo guiso, yo me lo como".
Suena bonito, ¿verdad?
(Mi colega Victor, cuando lea esto, intentará inutilmente ubicarme en su libro de estilos, pero entre el Fary, Kraftwerk y Aqua, sé que se lo pongo algo difícil...).
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Este es el título de un artículo publicado recientemente en un periodico supuestamente serio y reputado (que también refutado) como es el Financial Times.
En él se comenta un estudio de la universidad de Cambridge sobre la relación entre el nivel de testosterona y los margenes de beneficios obtenidos en las operaciones bursatiles. En resumen, a mayor nivel de testosterona, mayores riesgos se corren (lógico, ¿no?) y mayores son las ganancias o las perdidas.
Lo curioso, aparte del título, son las conclusiones que sacan de este estudio. Básicamente se concluye que, como en otras muchas áreas, si trabajasen más mujeres en los mercados financieros, se obtendría una mayor estabilidad y mejores resultados. ¿Y mientras? ¿Y si el trabajo en Bolsa no atrae a suficientes mujeres para que su influencia sea significativa en el volumen de operaciones? Pues los señores del Financial Times consideran que: "Castrating traders is another possibility".
Juas, juas, juas...
servido por unklet0m
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...y no me refiero a las confusas Señales que últimamente recibo a nivel personal, ni a las otras señales más confusas aún que me llegan a todos los restantes niveles (mmmm... ¿intrigante? sí, lo confieso... soy así).
Las señales confusas a las que atiende el título de este post fueron las causantes de un curioso incidente que sufrí hace unas cuantas noches. Les cuento.
Iba camino de vuelta a casa, ya de noche, por la infame GC-2 a una velocidad bastante moderada, cuando, de repente, me encontré frente a mí a una camioneta con las luces apagadas.
Dispuesto a ejercer de buen samaritano y completar mi cupo de buenas obras del día, adelanté (reglamentariamente por la izquierda) a la camioneta, mientras le dirigía al conductor mi mano derecha, abriéndola y cerrándola, a modo de parpadeo, mientras vocalizaba ostentosamente "¡las luces!".
No sé que respuesta esperaba. Quizá, como es habitual, un rostro petreo, impávido, ignorando despectivamente mi aviso. Quizá, menos probable, el encendido de las dichosas luces en una rápida reacción, seguida por (menos probable aún) una sonrisa de agradecimiento.
Lo que no esperaba en absoluto fue la violenta reacción del chofer del vehículo y su copiloto, alzando ambos sus puños hacia mí y gritando algún improperio que la velocidad y el viento me impedían escuchar.
Pisé el acelerador. Acabé la maniobra de adelantamiento. Y sólo entonces, incrédulo, levanté la vista al retrovisor.
Tras un momento de perplejidad, la explicación de lo sucedido llegó a mí. La camioneta lucía "TF" en su matrícula y mi señal de "encienda las luces" fue interpretada como un jocoso "pio, pio", en visperas del "derbi".
No soy capaz de decir qué me apenó más. Si todo el karma pleitista y negativo agazapado bajo la tradicional rivalidad deportiva y latente en las aficiones de ambos lados del charco o, lo peor, que me confundieran con un futbolero... ¡a mí!
Nota: probablemente este relato ha quedado un poco confuso, pero, con este título ¿qué c@ñ@ esperaban?
servido por unklet0m
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