Mis queridos arenícolas, ante la insuficiencia respiratoria aguda del Libro de Arena, he decidido reconvertir el Club de Jazz con carácter temporal en un Starbucks, eso sí, solo hasta media tarde. Después, el encantamiento desaparecerá y este local volverá a ser lo que siempre fue: un club. Pero ahora, gracias a mi varita mágica, y a que soy...
Llegué al club de jazz a la hora habitual, con mis acostumbrados tacones anunciando a través de los veinte peldaños mi llegada. A través de las gruesas cortinas de terciopelo, la cantante me recibía con una fantástica canción de soul. Al retirar las cortinas allí lo ví, con sus maneras de chico bueno con un rostro de chico pillín. Por supuesto n...
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