9 Octubre 2008
Nada, que al final sí que se van vendiendo los brownies, pero sobre todos las cuquis. También he llevado mi primera tarta, una de manzana hecha por mí, madre de dios, y la gente se la come. Mientras mastican, me dan ganas de decirles: la he hecho yo, jaja. Pero no digo nada, soy toda una profesional. Las cuquis se las vendo al gallego a cero sesenta, con lo que le saco a cada una cuarenta céntimos. A mí me salen a cero veinte. Y vaya si se venden. En una semana, en mi recién arrancada pastelería at home, ya he hecho tres pedidos y me he sacado unas pelillas. Mañana me abriré una cuenta llamada Pastelería La Remontada, donde iré metiendo todos mis ingresos no declarados. Nada de meterlos en una cuenta de ahorros, no sea que me pase lo que a ése del periódico, que se quedó sin un duro por la mierda del l. brothers.
Eso en cuanto a La Remontada.
Por lo demás, ya tengo guitarra nueva y ya ando practicando. La culpa es de tom waits, de johny cash y de morrisey. Joder, que me soplan cosas esos tres. No sé. En la cafetería, lo que me mantiene, es la música. Un poco de bill evans por la mañana, sobre todo la uno, que me mete en una especie de bolsa de plástico y me da vueltas y vueltas. Parece que se acaba y no, y de repente, una caída desde un noveno del piano que no te mata, pero que te deja clavada en el sitio, en mi caso, frente a una máquina de cafés. Y nadie se da cuenta del estremecimiento. Luego dejo a bill y pongo al coltrane. Con éste me paso las horas de la siesta y las del cierre, cuando bajo la persiana ésa y me quedo yo sola sin acento, barriendo el suelo. Y a eso de la tarde, cuando aún no es hora de recordar mucho, bien me calienta un waits, o un josé gonzález y así vamos tirando. A veces se me cuela algo de veloso, o de los pogue, y vuelvo al evans o al mertens. Y así, con estas alegrías y con la venta en popa de mis cukis y demás cosas dulces, voy echando los días. Salpico un poco con alguna sonatilla de beethoven, en momentos puntuales como el de mi furtivo carajillo de café con bayleys, cuando estamos sin hablarnos el señor del té rojo y yo. No nos hablamos, pero nos encanta no hacerlo.
El gallego habla francés muy bien. Cualquiera que hable algo de francés lo habla, para mí, muy bien. Coincidimos un par de horas a la mañana, luego se va y me deja con todo. Se va pintar o a pasear. A veces me habla de nueva york, de cuando una tía le dio su teléfono en un semáforo y se fue. De cuando él se percató y con el corazón acelerado, se fue tras ella. De ella y new jersey y follar muy rápido. De luego él dudar de todo un poco, pero sólo un poco, y ella irse con otro. Es duro nueva york, dice. Y ahí tiene un por qué, uno duro. Y también habla de galicia con asco y con cariño. El mismo ascariño de muchos gallegos cosmopolitas que no sienten cercana la reconciliación con eso de las gallinas y el campo y la lluvia y las familias escandalizadas por cualquier cosa que no ponga huevos. Así pasamos siempre las dos horas que nos juntamos. Charlando de gallinas o de historias de semáforos. Yo no le cuento mucho. Prácticamente nada. Si no me preguntan, no siento ningún impulso de contar mi vida, cosa que me sorprende más a mí que a nadie. Pocas cosas. Lo que va preguntando. Pero nada, me gusta así, así.
Lo demás. El gitano se ha apuntado a inglés y yo a un curso de guión cinematográfico que me dura unos días, y lo hago por conocer gente. Qué triste. Pero es que barcelona es nueva ahora y yo quiero volver a empezar. Mis amigos no están. Los que quedan, medio casados. Yo no quiero irme de cenas a las casas de los demás, con el fin de ver las casas de los demás, los viernes. Yo quiero otras cosas, y ahí vamos. Tirandillo. En barcelona. Es barcelona. Todo esto solo puede estar pasándome en barcelona.
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4 Octubre 2008
Siempre he pensado que de ser puta, sería puta de lujo. Claro. Supongo que todas las tías pensamos que de vender nuestros servicios, estos sería muy caros. Porque valemos mucho. Bien. No sé por qué venía pensando esto mientras recorría Aribau, la calle del Nada de Laforet, de los coches para abajo, o para arriba, no me acuerdo. Sí, no sé, será que acabo de no vender ni un sólo brownie de chocolate y nueces. Será porque el gallego es pintor y viste con bermudas de playa en otoño y en invierno, y zapatillas y su pelo tiene todo el estilo de un bellas artes. Me recuerda este hombre a mi "no tantas cosas" y a mi "sí tantas cosas". Me revuelve. Me inquieta. Él pinta cuadros que no me dicen nada. ¿Qué se supone que es ese cuadro? ¿Que eres gay? Le pregunté. No, me dijo, no. No es nada, el cuadro no es nada. ¿Entonces por qué lo pintas? Pues porque... El arte no es para todos, me contestó. Ah, claro.
El arte no es para todos pero cualquiera puede pintar un cuadro, le dije. Y me reía. ¿Cómo que no es para todos? No, me decía. Arrancó con un miserable: he intentado... Esto es un guiño al minimalismo, pero como verás tiene una gran carga de expresionismo abstracto. Es como...
Oye, no sé, le respondí. Supongo que debería "saber más" sobre pintura. No es que me guste o no me guste. Es que no me dice nada. Es que no le veo el asunto, o la verdad, o la inquietud, o el color. Es como cuando me muestran un cacho de tela y me debo imaginar cómo quedaría una pared forrada con esa tela, es como que me falta información en ese cuadro, no me parece que esté completo, o que tenga un principio y un final o que... No sé, no sé nada de pintura, pero fíjate que la historia de la pintura no la han creado los pintores. Los pintores crean lo que le sigue a la historia de la pintura, y otros van después atando cabos para ponerle nombre, que si las tendencias, que si las técnicas...
El arte hay que entenderlo, hay que saber, me decía. No puedes hablar de un cuadro sin saber. Es como un libro. Si lees un libro y sabes de literatura, verás más cosas que alguien que no sepa. Si te lees un vargas llosa y un zafón, igual te gusta más el zafón, porque no sabes distinguir lo bueno y lo malo, a no ser que tengas una formación, una buena base, me decía...
Así pasamos los días, o las pocas horas en las que coincidimos en la cafetería. Yo intento crear algún tipo de debate. Él también. Luego volvemos a replantearnos las cosas y cambiamos de opinión y hacemos el debate a la inversa. No me gustan sus cuadros, no por nada, sino porque él no sabe explicar sus cuadros, porque dice que son técnicas de gente que sabe, y que sólo unos cuantos los pueden entender. Eso a mí me parece bajo, poco suave, pelín falta de clase, pero bueno, es joven.
Así que no he vendido un sólo brownie. Los catalanes son de donuts descongelado y de cortado con leche natural. Odio cuando me dicen "leche natural", como si natural fuera un antónimo de caliente. Lo odio. La leche o está del tiempo, o está caliente. O tibia, si quieres. O fría, que también la tengo. O mala, mala leche. O entera, o desnatada. Pero natural, no. Natural es otra cosa. Así que vengo con el cabreo de mis brownies, pensando que de ser puta, sería puta de lujo, odiando a muerte el nuevo significado de la palabra natural que estos catalanes de clase media alta me quieren imponer a base de cansinas repeticiones. Natural no, señor, la leche es templada, fría o caliente, ¿cómo la quiere?
Este gallego me da ganas de cantar, o de escribir, o de hacer lo que siempre he querido hacer, que es saber hacer algo y hacerlo. Quiere cambiar el tema de la cafetería, hacerlo bar de copas, con pequeños conciertos de jazz, de una o dos personas en una tarima chica. Le dije que lo prefería, lo de las noches, le del jazz. Que podía cantar a tom waits, con alguien al piano. Que si quiero, cantaré, me dijo. Todo está en futuro, ahora, todo. Los brownies se venderán. Yo cantaré. Y miles de blablablás. El caso es que mucho jazz, pero ahora me voy a casa. El gitano me ha llamado, que está haciendo una compra en el mercado. Mi lívido artística se ve tan jodida con este tipo de llamadas, que me dan ganas de quedarme para siepre en aribau, no sé. Me cuesta, con el paso del tiempo, volver a sentirme importante, prepotente, dispuesta, creativa. Y cuando me viene una ráfaga de algo parecido a un por qué no, me llama mi novio y me dice que está haciendo la compra en el mercado. Y yo lo quiero. Y lo quiero mucho. Pero no mientras las ráfagas. Porque ahí necesitaría que alguien me dijera algo como: vamonos a un piano, y apaguemos la luces, y cantemos a tom waits. O como cosas oscuras. O como cosas de los años cincuenta, y sesenta, y setenta, no sé. O como vámonos a nueva york, o a parís, y busquémonos. No lo del mercado, coño. Luego se me pasa, yo lo sé. Luego vuelvo a caer en mi cuerpo y ups, coño, si soy yo. Si esto y lo otro. Si anda, que vaya fricadas se me ocurren, ya está bien. Y eso.
Me está revolucinando mucho el tema del gallego. Verlo con sus mil sueños para adelante, con sus cuadros que nada tienen que ver con ningún armario, con sus planes de fotografiar no sé qué en no sé dónde, con sus bermudas de playa de otoño. Me recuerda tanto a la respuesta de mi pregunta aribauresca: ¿por qué no vendo mis brownies? Porque yo no sé hacer brownies, porque lo mío no lleva nueces, coño. Lo mío lleva algo de humo y algo de bar pequeño. Y algún piano y yo, cantando.
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28 Septiembre 2008
Con la tontería de la entrevista, dejé de contar lo que yo iba a contar, lo serio. El lanzador de runas se presentó el viernes en la cafetería a las cuatro, y como quien se va y no, se quedó hasta el cierre. Llovía y tom waits. La gente entraba, se sentaba en la zona de las cuatro mesitas, a la que yo llamo "el cacho ése", y tomaba cafés y cafés y cervezas y cervezas. El lanzador de runas me daba palique mientras cobraba un té, mientras ponía un cortado, mientras todo. Y no se iba.
La cafetería es un antro mañanero de barra. Minimalista y limpio, de animal de prensa, de cortado en tres minutos. Hay quien se echa su hora en la barra, como el señor del té rojo. Y a ciertas horas, cuando hay nadie o una persona, yo también aprovecho para leerme algún periódico en la barra. Bajo la música, y sólo se oyen mis páginas y las de alguien más. Me pongo un café, le doy sorbos, y leo. De repente aparece alguien con prisas: un tallat amb llet natural, "siusplau". Cierro el periódico, le hago el cortado, aquí tienes, y vuelvo a mi periódico, me siento en casa. Cuando hay más trabajito, dejo el periódico a un lado, el café, y empieza la función. Cansarme no me canso, porque es muy pequeñita la cafetería y no tengo que cargar platos, ni darme paseos, ni correr. Pero no paro. Aquí tienes. Tanto. Hola buenas tardes. Muchas gracias. Aquí tienes. ¿Con sacarina, dices? Un cortado con leche desnatada natural corto de café, muy bien. Un té rojo y un croissant. Hola, hola, hola. Muchas gracias. Hasta luego. Gracias. Dos treinta, sí, gracias. Y mientas pongo y quito y saludo y cobro, deseo tener algo así. Cambiaría algunas cosas. Pondría tartas caseras y brownies caseros con chocolate y pistacho. Haría patitas para el té gratis, en plan "te quiero, cliente", y mis bocadillos no serían de fuet ni de jamón serrano, a secas. Yo haría "pambolis", que por algo he vivido en mallorca. Pambolis como los del "sa llimona", de queso, de jamón, de ahumados. Y por la mañana, anunciaría bien clarito mis tostadas de tomate y aceite de oliva, que por algo soy andaluza. No sé, iría probando y probando hasta dar con la tecla. Lo que tiene el dueño está bien, pero no deja de ser una cafetería cualquiera, con croissants cualquiera y con donuts congelados. Y ya sé que estos catalanes de barra lo que quieren es un cortado, pero hay que forzar un poco, hay que dar algo más.
Hablé con él, con el galleguiño, el dueño, y le ofrecí tartas caseras diciéndole que me salían muy buenas y que mi novio era pastelero. Accedió inmediatamente. Dice que la semana que viene haremos cuentas y veremos cómo lo montamos. Que le traigamos algunas muestras e iremos viendo lo que funciona. Claro. A ver, le dije: tienes que tener una tarta de chocolate, que eso es un clásico, y es lo que vende, y otra de lo que sea, que vaya cambiando, y así vamos viendo lo que funciona y al mismo tiempo te haces una imagen. Caseras. Cookies caseras también, y pastitas minienanitas para el café, que vayan incluídas en el precio. Con la cerveza, tendrás que tener algo también. Minialgos. No sé, ya lo pensarás. Nosotros te podemos hacer gominolas caseras, nubes y muchas tonterías. A todos nos gusta comernos algo único, sin conservantes, sin colorantes, algo que sepa a madre...
Yo creo que el tío, por agotamiento, me dijo que sí a todo. Cuando llegue el gitano, ¡mañana! haremos unas muestras de cositas variadas y se las llevaremos. Yo creo que será el principio de una gran relación profesional entre el dueño y yo. La diferencia entre el gallego y yo es que a él no le gusta su negocio, y a mí me encantaría quitárselo de las manos y llevarlo yo. A él no le gusta trabajar en eso, por eso contrata a alguien para que se lo lleve, y yo encontada. Desde luego, si fuera mío, yo no contrataría a nadie para que me llevara el negocio y los clientes. Yo disfruto con eso y no me lo querría perder.
Así que bueno. Ya iré contando. Espero que funcione lo de las tartas. Sacaría un pellizquito guay al mes. Y a lo mejor, porque hay que soñar, podría vender tartas de extranjis en otras cafeterías del mismo estilo, quién sabe. Todo está en que a mí me gustaría hacer las tartas. Le diré al gitano que me enseñe, que hagamos unas cuantas juntos y a ver si poco a poco me pueden salir a mí más o menos decentes...
Ay, qué lindo soñar, ¿no?
Bueno, pues eso, que el lanzador de runas está ocioso. Le dije, al menor indicio, que ni se le ocurriera hablarme de chacras, y algo sí se calmó. Creo que está aterrizando en la vida after lanzadora de runas, una vida llena de gentes vulgares y sosas y sin poderes como yo.
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27 Septiembre 2008
Hoy, por primera vez en mi vida, me he escapado, con todas las letras, de una macroentrevista de talentos de españa. Una especie de factor x para el mundo empresarial. Ahora que se me ha pasado un poco la angustia, y respiro, y me siento persona me parece que ha sido todo mentira, que no era yo la que entraba por la puerta de un majestuoso hotel de las afueras de barcelona con nervios, con ganas, con ilusión y con algo de vergüenza.
Mi traje... Cuando hace casi dos años me echaron de aquel trabajo de idiotas, tiré todos mis trajes, toda la ropa de oficina, todas las camisas de telilla de zara y todos los zapatos correspondientes. Su y yo hicimos un mercadillo de ropa de ésa en el pasillo del piso del putxet. Desde entonces, no tengo traje. Mi traje de hoy, pues, consistía en un pantalón que salvé, uno negro, de rallas, y una chaqueta de otro traje que también salvé, como quien deja de fumar y guarda el último paquete, para no fumarlo. Yo hice lo mismo con aquella chaqueta de traje de "me como el mundo". La guardé, para no volver a ponérmela.
Pues bien. Me he conjuntado estas dos piezas -de época, para mí- con una camiseta verde de algodón con escotazo, que siempre triunfa. Me he ido al hotel con un papelito que me recordaba las fechas y los trabajos que aparecen en mi curriculum, el cual no me sé de memoria, y siempre tengo que estudiármelo antes de entrar en alguna entrevista. Iba yo fumando para paliar los nervios. Iba yo leyendo: así que aquí, maría, desde el mes tal del año tal, te dedicaste a implementar campañas promocionales y a hacer estudios de viabilidad de productos premium extranjeros en el mercado español. O sea, estudios de premium sobre viabilidades, no, estudios de productos extranjeros en el mercado, claro. Eso. A ver. Iba repitiendo. Porque no sé manejarme con el lenguaje entrevistril. Yo siempre digo las cosas muy sencillitas. Mira, me dedicaba a buscar en internet esto y lo otro, y a ver si funcionaría en españa o no, pero vamos, que como eso no es una ciencia, pues no funcionó ningún producto. Entonces me pongo nerviosa, porque hay palabras que odio, como coordinar, como implementar, como viabilidad, como plan de marketing, como pomposidad, como desarrollar, en fin. Estas palabras no me salen de manera natural, y tengo que darme martillazos para lograr ponerlas en las frases de tal manera que no desentone con nada, ni con las flores de la room meeting, ni con la corbata del entrevistador...
Al lío. Resulta que llego y me encuentro en una habitación con ocho personas de mi edad, con maletín. ¿Estáis aquí para la entrevista de esta gente? Sí, me dice una con la boca desencajada. Iba con un traje de falda y chaqueta y un palestino y unos zapatos de tacón que ni ana rosa. Por supuesto, llevaba un maletín. Venía desde Madrid para el puesto. ¿Qué dices? ¿Vienes desde allí para esto? En fin. Las otras personas eran también del estilo. Peinados aznarines, maletines, maletines, no me canso de decirlo, joder, maletines, coño, llevaban maletines. A ver, yo, si llevara un maletín, llevaría la tarjeta del paro, los pañuelos para los mocos, el dinero, no sé, un pintalabios, un libro de la cocina del alt empordá, quizás, y yo qué sé, nada más. Coño, irse a la mierda ya, con los maletines de pega.
Una mujer abre una puerta. Aparecen, como por arte de magia, cinco personas más, engominados, parecen modelos, con traje de chaqueta, que se ponen en fila para hacer una especie de besamanos. Encantada, encantada, encantada, encantada, encantada. Soy la primera en hacer el paripé, será porque quería acabar cuanto antes. Ante mí, una gran mesa con sillones de esos confortables, con el nombre de cada uno de los aspirantes puesto en un folio doblado delante de cada sillón, con el logo de la empresa. El mío, en el centro. Bien, eso me gustó. Al menos que me pongan en el centro, así podré verlos bien a todos, porque aún no me los puedo creer. Duración aproximada de esta macroentrevista, nos dicen, unas tres horas.
Casi me dan arcadas. Todos estamos nerviosos pero yo ya empiezo a reprocharme haber ido hasta allí. No le veía el sentido. No quería trabajar en eso, ni con ellos, ni con maletín. Durante los primeros minutos de sonrisitas, me he regañado bastante, me he dicho que tenía que ser más fuerte, tener las cosas más claras, que no podía ser que cada dos por tres tuviera que pasar por el mismo mal trago de siempre, por tener que hacerme pasar por una chica marketiniana ambiciosa con una gran trayectoria profesional, intachable, educada y carismática.
Ahí no ha ocurrido nada. Ahora viene lo bueno. Ellos son cinco, que se sitúan en frente de nosotros, los aspirantes al factor x éste. Cogen y se presentan cada uno, poniéndose en pie, acojonándonos a los demás... ¿tendremos que hacer lo mismo? pensaba yo. Qué palo. Todos tienen dos carreras o tres, másters en el extranjero, hablan tres y cuatro idiomas. Una baila salsa, otro hace trekking, otro viaja mucho, otro adora la música. Pero todos, todos, han estudiado en universidades kintaking, de ésas de por ahí, en nueva york uno de ellos, en australia otro. La madre que los parió, pienso. ¿Qué cojones hago yo aquí, por dios, qué vergüenza! Así que se van presentando y tal: hola, me llamo tal, mirad yo tengo un master en tal y tal, estudié en nueva york, dode residí cinco años, por cierto tengo treinta, hablo francés, alemán e inglés. He trabajado para las empresas tal y tal... Y me encanta la música.
Cuando acaban de presentarse estoy extasiada. Creo que se han debido equivocar conmigo. Yo no fui a la universidad, bueno sí, pero la dejé el primer año. Y me fui a currar a un mc donalds de irlanda durante seis meses, y luego me hice técnico de teleco, pero vamos, que obligá, por tener algo en la vida, y como no me gustaba nada, decidí dedicarme a algo ambiguo y confuso como el marketing, pero por hacer algo, porque todos tenemos que ganar dinero de alguna manera, y luego me hice camarera y vaga, y me dediqué a estar de un sitio a otro quejándome de todo, y también me dediqué a cobrar el paro y estar en méxico, gastándomelo, y a volver a cobrar el paro y estar un año de cháchara en italia y en jaén, cogiendo ciruelas y en cádiz sirviendo platos, currando en negro. Y luego en palma lo arreglé un poquito con un puesto bastante chulo pero que dejé de la noche a la mañana por una discusión con mi novio. Y desde entonces trabajo de camarera, en negro y en blanco, y de relaciones públicas, y de lo que va saliendo, y no estoy mal. Y luego lo mismo, siempre lo mismo, siempre tratando de trabajar pero no mucho. En ese momento, justo cuando se acabaron de presentar, quise irme, pero aguanté.
Ahora os presentáis vosotros, venga, nos dicen.
Y resulta que todos tienen carrera universitaria y algún master. Todos viene de empresas conocidas, hablan idiomas (eso dicen, porque el inglés que me traían era para darles dos tortas bien dadas) y son la hostia, la creme de la creme.
Decir que lso que estábamos allí habíamos sido seleccionados de entre casi mil cien aspirantes. Después de dos entrevistas telefónicas. Decir que a un cierto punto, uno de los entrevistadores dijo: creo que aquí, en esta sala, tenemos a ocho de los mejores talentos jóvenes de españa. Enhorabuena por haber llegado hasta aquí.
Cuando me toca presentarme, no sé qué coño decir. Estoy simplemente agobiada con todo. Yo no tengo estuidos universitarios, y el máster ni lo he empezado, lo estoy pagando pero aún no me he puesto con él... No sé qué hago ahí, quiero irme, pero en lugar de hacerlo, me pongo en pie, y me presento, como puedo.
- Eh, no sé, a ver, bueno. Hola.
- Hola.
- Bueno, es que... Me llamo María, tengo veintisiete años (me quito uno) y la verdad, no entiendo muy bien qué es lo que hago aquí.
- Silencio.
- Sí, es que bueno. He escuchado muy atentamente las presentaciones, todos y cada uno de vosotros tenéis un curriculum brillante. Todos tenéis masters acabados, estudios de carreras universitarias. Algunos habláis chino. De todas maneras, si estoy aquí, es por algo, y simplemente me gustaría saber con qué criterio han realizado la selección de candidatos, ya que no cuadro, simplemente, con el perfil de mis ocho compañeros aquí sentados, con todos mis respetos. Me gustaría saber qué pinto aquí. Yo no fui a la universidad. La dejé, me aburría, ni siquiera iba a clase, me ponía a jugar al mus. Mi primer trabajo no fue una beca para trabajar en nueva york, ni unas prácticas con danone, sino un trabajo en un mc donalds de dublín, donde limpiaba los servicios cuando me tocaba. Sí, hablo inglés. Mejor que todos vosotros. Pero yo digo que tengo un nivel medio, y es la verdad y no me hace falta ningún título de proficiency, como muchos tenéis, no soy bilingüe lo miremos por donde lo miremos así que mi nivel siempre es mejorable y medio. Que sí, que luego me he buscado un poco las castañas, y de no tener estudios en marketing, he llegado a llevar un departamento en palma, con temas de branding y más cosas, pero bueno. Que yo es que no soy el perfil de los demás. Y quisiera que me explicaran, ya que llevo una hora aquí, en qué consiste el trabajo realmente. Porque sólo decís que llegaremos a ser managers en un plazo de séis meses. Como si manager fuera el nombre de alguna vocación o de algún sueño. Y es que a ver, que no, que no lo entiendo. Que es que no sé de qué iría el trabajo. Y siento mucho todo esto, yo no suelo hablar desde el corazón en hoteles de lujo, pero es que me siento un poco obligada a rebajar toda esta pomposidad, el hotel, nuestros nombres, los trajes, los maletines, las diapositivas, los breaks para café, las carpetitas éstas... Vale, pero no sé aún, después de una hora sentada aquí, como si estuviésemos discutiendo el plan de rescate de la bolsa, o la erradicación de la pobreza en áfrica, no sé en qué consistiría realmente el trabajo. Lo siento, muchas gracias. Ah, y trabajo de camarera desde hace dos días. Soy responsable de cafetería. Estoy yo sola. Es pequeñita, hay cinco mesas tan sólo y me encargo de todo. Aunque no lo parezca cobro una pasta. Y creo que no lo cambiaría por nada, en estos momentos. Es que en el mundillo de la hostelería es un chollo, pero bueno. Que es que ya que me pongo a ser sincera, quiero serlo del todo. Al menos podréis entender cómo me puedo sentir, y que a lo mejor no es necesario todo esto para reclutar a los talentos. Decid de qué va el trabajo y ya está.
Se ha hecho un silencio enorme. Tan enorme que han emplazado la respuesta a toda mi presentación para más adelante, para después de un break.
Entonces, en lugar de irme a tomar el café con los de los maletines, me he ido a hablar con el sueco que me llamaba por teléfono y le he dicho, con mis mejores modales, que me iba, que es que me había dado cuenta de que no quería volver a trabajar con diapositivas, con reuniones. Que le podía sonar raro, pero que en mi trabajito en la cafetería tranquila, donde escucho a tom waits, me sentía muy afortunada, y que era una gran responsabilidad. Que seguramente, si me iban bien las cosas, acabaré montando alguna cosita del estilo, pero que bueno, que me iba, que muchas gracias, que lo sentía.
Y así, sin despedirme de los demás, que andaban tomando el café, nerviosos perdidos, con caras de estreñimiento, he salido por la puerta, he llamado a su, en londres, y le he dicho: te llamo a ti porque me vas a entender: acabo de largarme de una entrevista, tía, vaya secta.
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26 Septiembre 2008
"Sección 8. Las decisiones del Secretario (Henry Paulson) derivadas de la autoridad de este decreto son no revisables y están sometidas a la discreción de la agencia, y no podrán ser revisadas por ninguna corte de justicia o agencia administrativa"
"Section 8. Decisions by the Secretary pursuant to the authority of this Act are non-reviewable and committed to agency discretion, and may not be reviewed by any court of law or any administrative agency."
Bueno. Este es el puntito ocho del plan de salvamento de wall street, del mundo. Setecientos mil millones de dólares que Henry Paulson, secretario del tesoro americano y antiguo presidente y Director General de Goldman Sachs, se encargará de administrar. Nada, coincidencias de la vida y de este mundo, que es un pañuelo.
Tiene gracia que metan en el plan de tres paginillas una sección que especifique que lo que se haga con ese dinero nunca podrá ser investigado por un juez, ni por nadie, que ahora amenacen en los medios con la hecatombe mundial si el plan no se aprueba...
Vaya, al bush lo alaban por su rápida intervención. Anda, si el estado valía para algo... Si iba a tener razón stiglitz. Si a lo mejor hasta se vuelven comunistas o hasta se inventan un nuevo modelo económico o... A lo mejor es que se han vuelto buenos, de repente, o han visto que el mercado no es un ente que funcione solito y que se arregle solito, que la mano invisible tiene también su parkinson, ya está un poco mayor, oye.
Nada, a ver qué pasa.
En otro orden de cosas, ay, es que está la noticia de la inyección de dinerito en nuestros queridos estados unidos por todas partes y hasta sueño con ello, de verdad, pero en otro orden de cosas, a mí en realidad me da lo mismo que inyecten o no money o que se inyecten ellos mismos. Yo lo que quería decir, que es que me he liado, es que ya tengo trabajo y que nunca jamás le pediré una hipoteca al banco. Hijos de puta, los banqueritos de arriba. Que ojalá pudieran pagarme en mano y ojalá pudiera guardar el dinero debajo del colchón. Que ojalá pudiéramos vivir sin bancos, que son la mayor enfermedad del planeta. Que ojalá cambién las cosas. Que todos los que se quejan de que no pueden vender su casa y sacarle un buen dinerito, se acuerden de todos los que ni siquiera pudimos soñar con comprarnos una, por culpa de tanta especulación, de tanto nuevo rico y de tanto pocerito.
Yo como no tenía nada, sigo sin nada. No he perdido nada. Bueno sí, una perrita, pero la culpa no es de zp. A ver si nos enteramos ya de que la culpa no la tiene zp. La tiene mi casero, por comprarse dos casas y querer vivir de las rentas. Por quejarse ahora y montar monotertulias monotemáticas sobre su desgraciado estado económico, a cuenta de la crisis inmobiliaria. Oye, cabrón, que tienes dos casas, que a lo mejor si no hubiera tanta gente con dos casas en este país no estaríamos como estamos. Pero claro, él, él, individualmente y porque es buena persona, no tiene la culpa, no se siente parte de ningún problema. A ver, a ver, a ver. Al próximo que me llore porque no puede vender su casa, no sé lo que le digo, en serio. Que monten un club o algo o un foro en internet y lloren juntos. Pero llorarle a una inquilina que te paga la hipoteca entera y más, para que vayas tirando, es tener mucho morro. ¡Esto! Coño, esto era lo que yo quería decir, que no me salía y no dejo de dar rodeos. Que había algo que me molestaba y no sabía qué era. Pues eso es. La incoherencia del llanto. Joder, llórale a tu madre, pero no le llores a la tía que está pagando el doble de lo que moralmente sería correcto por tu piso. Al menos tú tienes algo que alquilar. Es que ya no ven, ya no ven a quién tienen en frente. Es muy cutre. Hablar de crisis teniendo dos casas es cutre y me da vergüenza ajena. Y es eso, a ver si nos enteramos. Que la culpa no la tiene zp, que yo con zp ni me hablo ni me tomo cafés. Yo con el que hablo es con el casero, con algún vecino, con algunos amigos. No somos del pp o del psoe. Somos tontos o no. Somos cutres o no. Ea. Voy a tomarme un café y me voy al trabajo.
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25 Septiembre 2008
Siempre, a cierta hora en el metro, hay una persona con la cara quemada.
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24 Septiembre 2008
"...No puedo dejar de recordar cierta noche en que, regresando de estar con él en un estado de completa agitación, me crucé con un joven marinero en la esquina de mi casa. Me encontraba vestida con un simple y modesto vestido que me daba un aire de calma diferente al cálculo de mis pensamientos. Sin embargo, él me vio como un premio, y sin más ceremonia, enlazó sus brazos a mi cuello y me besó, dulce y vigorosamente. Lo miré sorprendida y enojada por su rudeza, sentimientos que se fueron transformando al observarlo con más detenimiento...."
Leído en la coctelera.
Bueno, por este tipo de cosas no suelo leer blogs. Sé que me pierdo cosas muy buenas, pero no tengo mucha paciencia y me desespero, coño, me desespero. Hoy iba a contar un montón de cosas súper chachis, pero hijos, he leído esto y se me han quitado las ganas de tó. En fin. Me he dado un repaso por los blogs de ahora, y no sé, a ver si me recomendáis alguno porque está el patio pero requetemal, o como diría nuestra amiga de arriba, en "un estado de completa agitación". Laluz que ha dejado de escribir y me tiene buscándole suplente. Yo que no sé muy bien dónde buscarle un suplente y acabo leyendo lo de "enojada por su rudeza" y cosas así. Avisque los blogs.
Lo peor es que no sabemos si se liaron o no, joder. Sabemos que él enlazó sus brazos a su cuello y la besó vigorosamente. Ella lo miró sorprendida y enojada y se le cambiaron los sentimientos. A ver qué quiere decir eso. ¿Que sí o que no?
La culpa es de laluz, por pirarse así. No hay suplente que valga. Lo estoy pasando súper mal con mi búsqueda de un laluz2. Esto es una agonía. Un sufrir. Un "modesto vestido que me daba un aire de calma diferente al cálculo de mis pensamientos". Un laluz, vuelve, por el amor de dios.
servido por ymikimono
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23 Septiembre 2008
Qué resaca, madre de deu. Ayer me fui a media tarde al pub a tomar una pintita de nada y acabé a las tantas con un habana cola en la mano, cantando el himno de irlanda, con lágrimas en los ojos, emocionada perdida. Es que encontré piso y estaba contenta. Yo sólo iba a tomar una esnikipaint, no sé por qué siempre acabo liándome tanto. El caso es que como no trabajo, pues vivo la resaca de otra manera, como más mimada. Le pongo un cafelito ardiendo a mi resaca, la paseo por el pasillo, le digo: anda, que menos mal que no curras, guapa, y la siento y en fin.
Antes de escribir nada, decir que la pobreza, según el banco mundial, es lo de vivir con dos dólares al día. O con menos. Esta frase hay que decirla en alto al despertarse, para poner un poco los pies en el suelo. Y también mientras se come, y mientras se duerme en una cama, y mientras llueve y no se moja una porque está viendo la tele desde un sofá, cerveza en mano. La pobreza es eso de vivir con menos de dos dólares al día. La pobreza es eso. Y si no fuera porque hay millones de personas que viven en la pobreza, me pondría burra y diría que aquí en españa ser pobre es otra cosa, y que yo lo soy. Pero no. No soy tan burra, oiga.
Dicho esto, voy a contar mis penas. Me he pateado barcelona estos últimos días en busca de una vivienda de esas dignas. Y me he topado con que los caseros y las agencias inmobiliarias son los poetas y los artistas de la crisis, de este siglo. ¿Pues no retocan ahora las fotos de los pisos en alquiler? Sí, sí. Y encima lo hacen bien. Me he gastado mucho dinero llamando a particulares que eran "administradores" y se anunciaban como manolito, o pepa, de particular a particular. Y me he encontrado con lo que una se topa siempre que hay dinero de por medio: con gente muy lista.
Me han pedido contratos indefinidos. Si no, nada, guapa. En un piso de cuarenta metros la mar de feo y cutre, me pedían tres fianzas, seis meses de aval, un mes para la agencia, el mes entrate y otro mes por gastos de contrato.
Finalmente encontré un loft anunciado como newyorkino en un barrio chunguillo. No sé si me gustaba más el barrio que el loft. En fin, está muy bien, para una temporada, mientras encuentro curro, no puedo pedir más. El caso es que es nuevo, y tiene de todo, y no es tan pequeño como para llamarse loft, pero en barcelona la palabra loft es como en segovia la palabra cochinillo o como en jaén los flamenquines: está por todas partes y no puedes no usarla unas veinte veces al día. Es así. Esto es barcelona y aquí lo que se estila son los lofts. Pero bueno, el barrio, que no es tan chungo como la gente dice, pero bueno, estás loca, por qué no te buscas algo por el centro, pero bueno, a dónde te vas a vivir... Oye, ¿tú me ves cara de rica? Y como dice mi hermano: si no le pasó nada en el metro del df, no creo que haya de qué preocuparse.
En cuanto al curro, bueno. Sigo haciendo entrevistas. Ahora están de moda los becarios, ya sabemos todos por qué. Hice una entrevista en la que me dijeron: no entendemos cómo puedes presentarte para un puesto de becaria. ¿Qué? ¿Es para becaria? Pues se me pasó, sorry, gracias. Otra en la que me humillaron por no tener carnet de conducir. Bueno, pero toco la guitarra, ¿la tocas tú? Me daban ganas de decirles eso. Coño, tanto carnet tanto carnet. Me lo dicen como si fuera imposible vivir dignamente sin conducir un coche. Es que mi novio tiene, ¿sabes? Pero tampoco podía decir eso. Pero es que es verdad, a ver por qué tengo yo que conducir un coche. No hay ningún plan de estudios en este país que incluya clases de conducción. Luego sales a hacer entrevistas, y lo que necesitan es que conduzcas, lo otro ya lo arreglan con un contrato en prácticas. Váyanse ustedes a tomar por culo, señores.
No estoy tan cabreada como parece, es que me tengo que animar de alguna manera, y me va muy bien arremeter. Pero estoy bien. A la espera de algunas respuestas de algunas empresas. Sigo echando cvs. Ya tengo piso. Ya perdoné al lanzador de runas por haberse convertido en un flipado de la activación de los cromosomas ocultos. Lo perdoné porque parecía feliz, no por nada más. Y eso. Que no soy pobre. Que vivo con más de dos dólares al día. Que puse un anuncio para dar clases de guitarra y ya me ha salido un alumno para una horeta a la semana. Ahora, mierda, me tengo que comprar una guitarra, pero espero amortizarla.
Y ahora, mientras estaba escribiendo, me ha llamado un sueco con el que tonteo insanamente por teléfono. Se trata de un entrevistador. No sé, es su acento. Me han hecho dos entrevistas telefónicas y ahora me quieren conocer. Se supone que he pasado tres fases, dicen. Esto es lo peor que le pueden decir a una, porque entonces piensas: ¿pero cuántas fases hay, joder? No saben que yo no gano en persona, que soy mejor al teléfono. Es verdad, yo al teléfono, brillo, es así. Ya veréis. Con tres entrevistadores al lado, o en frente, me volveré subnormal y empezaré a decir tonterías o a reírme sin saber qué decir. Me suele pasar en las entrevistas cuando me preguntan cosas como: ¿cuáles son tus tres mejores virtudes? ¿Tus tres peores defectos? Dime algo que hiciste súper bien en un momento en el que todo era negro. Y claro, quedo fatal.
Pero esta me la voy a preparar a conciencia. A ver qué sale.
Y eso me cuento. Que sé que no soy pobre, a pesar de mis múltiples quejas, sanadoras o saneadoras para mí. Que tan sólo soy capaz de vomitar un pupurrí de supervivencias chicas que ya he vivido cien veces pero que ahora me parece nuevo, que tengo al gitano lejos y se me está haciendo una eternidad, que quiero, quiero, quiero, trabajar. A ver si se me pasa esta racha vulgar de hablar de cosas tan vulgares, pero hoy por hoy, amores míos, las cosas están así, poca poesía, poca.
servido por ymikimono
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