DOS MUJERES (PARTE II)
Un ligero, casi imperceptible sonido húmedo le indicó que algo en ella se abría. Pero el cuerpo de la otra mujer seguía insensible, como muerto.
En un intento por recobrar su cuerpo, volvió a cerrar los ojos.
Quizás en alguna parte de esa vasta zona negra se encontraba su sensualidad. Pero lo único que pudo ver fue la imagen de un cuerpo devastado, lacerado, que era el de ella y el de la otra mujer. Vio su pecho agrietado y la sangre brotando de sus senos. Una gran cicatriz le bajaba desde el cuello hasta el sexo, dividiéndola. Vio unas viejas manos grises al final de sus brazos castigados. Y en este cuerpo, que era el suyo y que a la vez no lo era, su sexo pequeño, un sexo de niña, era lo único vital, la única zona sin heridas, la región inmaculada. Entonces sintió el dolor, agudo y radical, el dolor de mil noches de abandono dilatando cada herida. Todas las esperas, todas las ausencias clavadas en la piel. Y las insoportables dudas hinchándole las venas.
Sentía que ese cuerpo, ajeno pero suyo, se moría de tanta entrega inútil, de tanta búsqueda vacía. Vio las huellas de otros cuerpos marcadas en su piel, absurdas, repetidas. Sintió la ira y la demencia carcomiendo sus huesos como gusanos dementes... (continuará)

cori dijo
¡¡Buenos días!!
Me alegra inmensamente leer tus escritos ya que ellos son la prueba de que día a día, te sientes mejor y con más fuerzas.
Besos y abrazos.
Cori
3 Noviembre 2006 | 11:37 AM