Vuelta a empezar: tu primer día y mi regalo
Agosto de 2006
Muchos días sin escribir, muchas horas de vigilia soñadora, muchas sensaciones que describir.
Acabamos julio atravesando un mar de paisajes de Aragón, la Rioja, Navarra, País Vasco, Castilla y León hasta llegar a Astúries. De los áridos Monegros, al mar de viñas riojanas; de los océanos de girasoles y manchas amarillas al omnipresente canal de Losada y del sol de León, tras bajar la meseta, a la niebla del Huerna, para encontrarnos con el orbayo y el verde de montes...
Reencontramos a las chicas. A pesar de sus desavenencias, nos recibieron todas. En La Santa escuché a la que debiera ser la cronista de la cultura moderna de Oviedo, Yolanda Lobo. Nos habló y mostró una pareja de veinte añeras con dos rasgos que las hacía sobresalientes: son guapísimas las dos y una de ellas es gitana. Para mí una novedad extraordinaria. La versión de Tony Morrison de mujer, negra y lesbiana a la europea o a la española: mujer, gitana y lesbiana (el más difícil todavía será una mujer, gitana, rumana y lesbiana).
Mirar
Hay que mirar, observar, estudiar, aprender cada surco, cada vena.
Qué triste olvidar las manos que un día amaste.
Jueves 10, San Lorenzo
Pienso que pierdo los párrafos que se me ocurren en el inicio del sueño. Auténticos fragmentos relatados de mis pensamientos, como oír hablar a las gaviotas cuando ya no son ni sombra del Juan Salvador Gaviota de Richard Bach. Como soy de las tontas que prestan libros (y los devuelven, aunque sea tras dos años), dejé ese libro que además no era mío, a una “amiguísima” en primero de Bup: Elena Dorado, enamorada de “Yuyu”. Nunca me lo devolvió y lo recuerdo no tanto por el hecho de la no devolución sino porque me sirvió para una nueva discusión por aquel entonces con mi hermana: era un regalo de una amiga con la que no llegó a cuajar la amistad que ella deseaba por las diferentes formas de entender la amistad (y creo que por la poca disposición de la amiga, amiga de elegir a los selectos...). Creo que el libro supuso un pequeño tesoro por la dedicatoria promesa de una larga amistad que no llegó a puerto. MJ tenía razón en todas y cada una de sus recriminaciones: prestar un libro a quién no volvería a ver (eso sí que no lo sabía), que no me pertenecía y que estaba personalmente dedicado.
¿Lo encontraré en alguna librería de viejo?
Siempre pienso que la serendepidad me llevará a encontrar a mi madre en una de esas tantísimas imágenes de vida que aparecen en las fotos de guerra y posguerra con madres aceptando el destino aguardado y vivido y con niños asustados por no saber qué será, será. Y con hambre. Por eso mi madre se come el pan con el ansía de quién nunca lo probó y con el instinto de vigilar que nadie ni nada se lo vaya a quitar. No se da cuenta de ello y en ese volver a cerrar el círculo que es cumplir muchos años ha perdido ya la noción del olvidarse de sí misma para ceder su pan a sus polluelos que siempre le conocí. Empiezan con los caprichos de niños consentidos porque mantienen su posición de autoridad y acaban con las reacciones de niños asustados porque ya no pueden controlar sus fuerzas, su seguridad. Y que viva la vida.
Sábado 11 de agosto
El viernes trajo consigo la prosa que acompaña a los proyectos de futuro: la elección de material para la probable reforma del probable trastero con servicios de piso. Hace ilusión y une construir con material de construcción un sueño que enraíza en los orígenes apenas recordados en estos tiempos. Volver a Monzón, tener mi propia casa en la que almacenar lo inservible pero estimado y crear un espacio propio compartido y vivirlo. Suelos, paredes, cocina, baño. Borrar lo hasta ahora observado para darle un nuevo escenario y una nueva estela. La casa tiene sesenta años de historia de vida y ahora le podemos dar cuarenta años más de ilusión sin borrar su esencia y tornándole sus formas y a sus rasgos de vida.
El sábado apuntó hacia el cansino dulce non far niente y hacia el descubrimiento de la Asturias verde de prados y azul de Cantábrico. Nunca antes conocí una playa en la que los límites del verde de prau bordeasen la arena fina de una playa en la que sube la marea en minutos. Playa de Vega, paisaje natural. A pesar de los playeros que el mar devuelve porque no son suyos y suyo lo hacen los percebes: no es un tesoro natural.
Rumor de olas, neblina de agua y verde de monte. Placidez junto a la Mía.
La luna bañada en música de la gaita y el mar arropándose bajo la lluvia de perseidas y el primero de agosto, primero de invierno que nos invita a la retirada.
El domingo dibuja su mediodía en una luz que tiene dueña, una luz candasina que lucha por imponerse. Hora de la sidra.

Playa de Vega

Moni dijo
Cuanto me alegro de tu regreso
28 Agosto 2006 | 08:26 AM