Y los sueños, sueños son
Paseaba por el Clot y me encontré con un mercado al completo. Olores de hierbas y especias, colores de manteles y de toallas y de ropa de mil maneras, colores de gentes de todo lugar (como aquel Jorge de 17 años que salió en televisión diciendo que se dedicaba a la ropa y a la moda). Pensé que sería buena idea mirar unos estores o unas buenas cortinas porque desde el exterior del trastero con cocina y baño y mirando hacia sus amplias ventanas, se ven todos mis libros y mis láminas y mis movimientos. Había mucha gente mirando, paseando y comprando.
De repente, un grupo de adolescentes entradas en años me taponan el camino. Ni pasan ni dejan pasar. Enredan entre ellas con sus particulares conversaciones ("tía, ¡pasa de mí!") y empujones en forma de diálogos. Una de esas respuestas en forma de empujón la recibe una señora que pasa junto a ellas, tranquilamente, con su carro. "Niñas, por Dios, que me váis a hacer caer". No habla su idioma, no puede establecerse comunicación. Se ríen, se mofan y una nueva respuesta cae sobre mí, que tampoco practico su idioma. En este caso, el mensaje es un grito huracanado que me lleva, junto a una de ellas, a parar encima de un puesto de calcetines y calzoncillos. Puesto, neña y yo, vamos al suelo. Me levanto más que airada y más que enfadada y, en mi idioma, les espeto un: "¡joder con las guajas!¿Qué tal si practicamos un poco más lo de la educación?". De pronto, ceden en sus estupidas risas cuando la cabecilla de la pandilla se acerca a mí con el poderío y chulería que es capaz de transmitir en esa comunicación no verbal y totalmente gestual por los problemas idiomáticos que ya ha captado y me reta con un "¿tienes algún problema? porque yo te lo soluciono rápido?"
No hace falta contestar ni en su idioma ni en el mío. Simplemente, recojo mi bolso del suelo, me sacudo la ropa, pido disculpas al tendero cabreado y mirándola a los ojos, la aparto con desprecio. Empieza su segundo round, ahora enzarzándose con el tendero.
Sigo mi camino y dejo el revuelo atrás mientras voy recitando, murmurando y citando a todos los familiares de la interfecta y pensando si tendrán o no la culpa de esa chulería.
Llego a casa. Cuento mi aventura y empiezan a llegar visitas. La primera, mi sobrina Carlota desdoblada en María, sobrina nueva, llorando como una Macarena, asustada como Paquito cuando ve a su retoño. "Unas chicas en la puerta le querían pegar". Toda una sorpresa descubrir una nueva sobrina. Llega Carlota, su hermana, y lo mismo. (Se parecen mucho; son una cucada de niñas). Llega Pedro Valero, un vecino amigo, y me plantea con cierta sorna que qué he hecho por ahí que en la puerta hay media docena de crías de veinte años que esperan que salga para darme una paliza, que eso le han dicho.
¿Qué he hecho yo?
Se avecina una tormenta... Llamo a la policía: están barrando el paso a todos los vecinos, provocando y me da miedo salir...
No vienen.
¿Qué hago?

tuyur dijo
ejem... pero quiero creer que esto sea un sueño, no??? porque no me has contado nada de eso de que te caiste y que casi te esloman a hostias. Doy fe de que hay veces que también hablamos idiomas distintos
27 Septiembre 2006 | 10:58 AM