Noches de hospital
Del bullicio de la mañana con enfermeras, auxiliares, médicos, personal de limpieza, personal de mantenimiento, personal de administración, personal perdido y personas perdidas que no saben dónde deben ir y preguntar si pueden cambiar goteros, si pueden preguntar donde está el doctor Zaid, si pueden preguntar dónde fue su salud, al bullicio de la tarde con visitas de todo tipo y de toda clase: gentes de montaña, ojos claros perdidos en pieles curtidas por el frío de años y años de heladas sobre una vida difícil; gentes de ciudad con sus diseños exclusivos a los que la edad tampoco perdona; gentes casuales en lugares casuales, ...
La noche trae consigo un manto de ausencia rasgado por el carro que zigzaguea por los pasillos con medicación, con remedios de farmacia moderna confundidos con el traqueteo de los aluminios mal encastados.
La sangre. La sangre no es roja como nos hacen creer. Es espesa, sanguina. Abandona los bordes dorados de la bolsa donde se acumula y moldea gotas de plastilina que caen por diminutos canutillos de plástico transparente. Y se filtra en las venas. Y da vida.
Dar sangre de tu sangre.
Sangre de tu sangre.
La sangre llama a la sangre.

jaka dijo
Yur, celebro que tot hagi anat be, l’escrit es preciós !!!
Una abraçada,
=;)
19 Marzo 2007 | 11:46 PM