Cuando los Reyes Magos son los padres...
Hoy es el primer día de clase después de los Reyes y todos volvemos reticentes pero con deseos de poder contar nuestros reyes, nuestros regalos y provocar esa buscada sensación de "mira qué me han traído a mí". En la puerta del colegio, todas nos arremolinamos y formamos grupos y grupos bulliciosos y alegres.
En el nuestro, por un momento se crean conversaciones particulares y yo inicio la mía particular.Ella se llama María Ángeles Martín y lleva una trenka roja, con el cuello y los puños vueltos de borreguillo y le tapa la falda de cuadros que sobresale escasamente. Lleva leotardos, como casi todas nosotras (y, como a casi todas nosotras, se nos caen y molestan), y botas hasta la rodilla. Su particular parcela de placer se va a convertir en un pequeño gran disgusto para mí...:
- Pues los reyes son los padres.
- ¿Qué dices? No me lo creo.
La cosa no queda ahí. Estoy segura que María Ángeles Martín se ha dedicado a desilusionar una a una, a todas las compañeras que ha podido.
Ya de vuelta a casa, asida, protegida y amarrada de la mano ensortijada de mi madre, paseamos frente a los Palacios Regionales y dejamos atrás la zapatería de las tías.A la altura de La Corte,se me ocurre confiar en ella, ¿quién si no?, y explicarle lo que me dijo Mariangelesmartin:
- Maríaangelesmartin dijo que los reyes eran los padres.
- Qué tontería.
Y todavía no ha acabado de cerrar la boca cuando aprieta fuertemente su mano que protege, coge y amarra mi mano infantil clavando una sortija que un día será mía y que me duele como si me clavasen pinchos puntiagudos. Me quedo sin el desmentido esperado y con la confirmación de que quizá algunas cosas es mejor no preguntarlas.
Para la Mía, dos días después de su cumpleaños y el día después de los Reyes Magos.
