refutatio, tatio
( este es un texto que amplia una respuesta que no he podido publicar en el blog de esther, correrespondiente a un debate iniciado por un texto mio - de escaso valor- en http://librodearena.com/zenon/blog bajo el título Frutos de la Razón Triste: la culpa, Así, pues abro este espacio por si algo se quiere añadir a él, aunque creo que es de poco interés para quienes no hemos iniciado este debate, que espero zanjar o no , dependiendo de lo sugerentes que me resulten sus posibles comentarios.)
Ilustre Lord,
Aún no he empezado a reírme; cosa que vos si hacéis.
Hacer chistes cuando nos faltan los argumentos, recurrir a comentarios despectivos presumiendo cual imberbe de saber ingles (¿y sánscrito o mandarín...?) son actitudes que usted ha desempolvado y no yo. El afán ingenuo de la autenticidad de “leer a los autores” es propio de adolescentes románticos que piensan llegar al saber saltándose todos los atajos. Presumir de ello entre personas adultas ¿cómo lo calificaría?
La recuerdo que, como más arriba le dejo dicho, no sólo a descontextualizado mi texto...supongo que con el afán de exhibirse cual imberbe mancebo.Argumentos, argumentos, amigo mío. Yo no los necesito, los uso consciente de su poco valor. Usted, adivino que cree en ellos a pies juntillas. Presume implícitamente de ello. Eso es bueno, cuando falta solidez para vivir en el vacío; no se avergüence de ello Pero tampoco los traicione con tanta ligereza-su existencia depende, hasta mejor momento, de ello- El dogmatismo es el arte de confundir rigor con rigidez. El esfuerzo de tantos pensadores en construir categorías que perfilen la “realidad” (yo sigo prefiriendo hablar del ser, pero para que me entienda...), posiblemente sólo haya resultado en una muñeca rusa de metalenguajes, donde la única diferencia entre la que vemos en el exterior y la que permanece en el interior, se reduce a una cuestión de tamaño, pero nada aportan a la resolución del misterio. En definitiva, un estupenda y magnifica Babel -en la que. Por cierto, algunos nos divertimos y otros se torturan.
Esa obsesión suya de enfrentar a los eleatas con Leibnitz es, cuando menos, indicativa de su dandysmo histórico. Léase a Horkhiemer y cia. Menos historia y más historicismo, no le perjudicaran en nada. Situar cada cosa en su contexto histórico, aunque no se lo parezca a usted, no es una cosa descabellada.
No voy a negar, de igual forma, que el juego es permisible incluso recomendable; la descontextualización de los personajes históricos, el crear escenas en las que imaginamos a personajes distanciados por los siglos tomándose una horchata en la misma mesa, me parece una práctica estupenda, sugerente y emancipadora. Pero sólo un tonto puede pensar que es más que un juego y extraer de ello rimbombantes sentencias con pretenciones de ¿verdad?. .. Aún más, es de una petulancia insufrible, propia de aprendices de brujo, en exceso pagados de si mismos.
La memez de confundirme con mi alias (perdone usía: nick), veo que no se le cura. ¿Qué le vamos ha hacer ¡
Como le decía, aún no he empezado a reírme. Pero se agradece el profundo sentido del humor que destilan sus textos. Es refrescante, a mi edad, contemplar a presuntuosos adolescentes pavoneándose en la plaza pública, exhibiendo su musculatura, fatuos y convencidos de que su vida será longeva y feliz.
No me cabe en el melón mayor felicidad que compartir mi alegría con tan sabio maestro como vuecencia.
Deseándole que se recupere lo antes posible de las fiebres contraídas en Missolnghi, cuyos lamentables efectos aún se aprecian en el romo filo de su prosa, reciba un cordial saludo,
Pelón, neutrón, filón, tifón, pescozón, bribón, corazón de melón, etc.
o...zenon (pero no ese, no ese...)
(pdta: ¡uy, gracioso me ha quedao!)


clitemnestra dijo
Estimado Zenon, te vuelvo a dedicar aquí estas palabras que también he dejado sitas en mi blog:
Que también en la lógica, como en el resto de nuestra vida racional, quepa la posibilidad de que estalle un día el conflicto y nos veamos eventualmente privados -hasta que un hipotético consenso la restaure- de ese último asidero que era la racionalidad formal, he ahí una idea capaz de alimentar nuestras más angustiosas pesadillas. Pero que nada dice por sí misma en contra de la racionalidad.
Pues es precisamente en semejante tejer y destejer de estallidos conflictivos y acuerdos consensuales en lo que el diálogo consiste. Y ésa y no otra es la tarea de la razón.
Aunque quizás tal diálogo no acostumbra a ser emprendido con vistas a alcanzar algún acuerdo, como quiera que ello sea lo que está claro es que un acuerdo semejante sólo sería posible a través del diálogo.
Como diría Marcuse: "Los citoyens no son ciertamente hombres cualesquiera, sino hombres que son o se han hecho de otra manera”.
Por la vía de la "estructura pulsional" este autor habla de la formación de una voluntad racional.
Se trataría más bien de aquel principio -al que da Habermas el nombre de “principio de universalización”- destinado a colmar la aspiración de nuestras máximas morales, para decirlo en términos kantianos, a ser también consideradas leyes universales. Su discusión es el objeto de esta última aproximación habermasiana a la ética comunicativa o discursiva.
Para decirlo en dos palabras, frente a la “monológica” razón centrada en el sujeto, Habermas nos invita a recurrir a una razon dialógica o “razón comunicativa” (kommunikative Vernunft) cuyo ejercicio implica el diálogo entre los miembros de una “comunidad de sujetos”.
Pues en lugar de hablar a la manera Kantiana de un sujeto trascendental a quien cargar abstractamente la estructura del pensamiento racional, lo hacen Apel y Habermas más bien de la comunidad de los sujetos racionales entendida como comunidad de comunicación: la racionalidad en general, y no sólo la racionalidad formal, no es tampoco un monólogo sino un diálogo.
Pues en lo que se refiere al diálogo filosófico constituye efectivamente el meollo de la concepción habermasiana de la racionalidad que no es sino una variante de la teoría clásica de la argumentación -llamada por Aristóteles “dialéctica” precisamente por basarse en el modelo del diálogo -según la cual el cometido capital de la razón consiste en “dar razón” (logón didónai) de lo que decimos.
Compartir el universo de la sofística quiere decir compartir el "universo del discurso", pero claro esto no significa una indirecta apología de la sofística, ni caer en disquisiciones puramente verbales y en otras aporías o sofismas, figuras mal entendidas del antitheton, o antítesis, que bien abre la abstracción al empirismo -como decía hace ya unos meses el amigo Daven en que llevábamos esta discusión-, y no en figuras como la antypophora, que son una variable engañosa.
Por eso te decía, Zenon, que yo prefiero una sabiduría de humoradas a una metafísica para uso de monos.
~
Entre tanto, sinceramente quede de ustedes.
~
Clitemnestra
29 Marzo 2008 | 04:53 AM